Voy a mandar a hacer unas playeras que digan “Yo sobreviví al 2020” y se las voy a regalar a los lectores de esta columna que lleguen vivos hasta el 31 de diciembre. Los que no, pues no. Y es que este año ha estado lleno de calamidades, empezando por supuesto, con la pandemia del coronavirus, pero también las tormentas en Yucatán, la violencia en Guanajuato, la caída de la economía aun antes de que llegara el Covid-19, la nueva canción de la esposa de AMLO, el propio Andrés Manuel y sus mañaneras, más de tres meses sin futbol ni beisbol, toda la cuarentena con esa persona con la que decidiste casarte, los 2 millones de trastes que he tenido que lavar, un megatemblor de 7.5 y ahora hasta polvo proveniente del desierto del Sahara ensuciándome los malditos trastes que ya había lavado. Lo único que falta para coronar este año tan infame es que Arjona saque un nuevo disco. Así que ya sabes: en diciembre espera tu playera. si es que llegas. Si llegamos, de hecho.
Pero en lo que llega diciembre podemos revisar cómo reaccionó el ciudadano Presidente ante la emergencia por el sismo del 23 de junio. Fiel a su estilo, Andrés Manuel López Obrador, hizo todo menos lo que debía hacer. Apareció en tres videos que subió a sus redes sociales, supuestamente para dar un mensaje de tranquilidad a todos los mexicanos. No sé a ti, pero a mí no me tranquiliza nada ver a un viejito con cara de asustado, con la corbata casi en el ombligo, hablando por teléfono mirando para todos lados, inclusive al cielo, como tratando de entender qué diablos pasa. Cualquier Presidente que sepa cómo ser Presidente, habría salido sereno y tranquilo (mínimo con un par de mezcales adentro) a informar de la situación con los datos verificados en la mano, pero sobre todo con un mensaje muy estructurado para llamar a la calma. Pero, bueno, eso habría ocurrido en cualquier otro país, pero no en México.
¿Qué fue lo que vimos los mexicanos? Vimos al Presidente hablando por teléfono con un tal David, pidiéndole que le explicara y le repitiera los datos del reporte de Protección Civil tras el sismo. El Presidente iba y venía en círculos por el patio de Palacio Nacional tratando de entender y de comunicar lo que el tal David le iba contando, pero más que un Presidente parecía un tortero tomando una orden para llevar:
– “Sí, David, aquí son las tortas Palacio. ¿Qué dijistes? No te oigo. ¿Estás lejos o estás cercas? A ver, ya, ya te oigo. No te muevas, David, porque se corta. Dime: ¿de qué van a ser? Sí, sí, ¿cómo? Ah, una de pierna con quesillo y sin cebolla. ¿Qué más? Una cu. ba. ¿Una qué? ¡Una cubana! Claro, ¿con chile o sin chile? ¿Va con todo? ¿Que qué es todo? Pues acá las preparamos con pierna, con jamón y con queso. ¿Milanesa? No, no lleva milanesa. Sí, sí se la puedo agregar, pero cuesta. ¡Pues sí, David! Está re cara la carne y más la milanesa porque la nuestra es de oreja de elefante. ¡En serio! Bueno, entonces ¿qué más? ¿Dos de huevo con salchicha? ¡Uy, no! Te las quedo a deber: se me acabaron los huevos. ¿Las quieres de pura salchicha? Bueno, entonces que sean dos de pollo. Muy bien. ¿Cómo a qué horas pasas por ellas?”.
Y mientras el Presidente hablaba con el tal David, los secretarios de la Defensa y de la Marina solo se le quedaban viendo como diciendo: “¿Qué hicimos para merecer este Jefe?”.
Pero, bueno, al final el temblor no fue tan grave, pues si bien el sismológico dijo que fue de magnitud 7.5, en la escala López-Gatell fue apenas de 2 grados.
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