En la primera parte di cuenta de la posibilidad de fragmentación del Estado mexicano, por consecuencia de la unión de cuatro gobernadores, entre ellos el de Coahuila, para demandar el replanteamiento del pacto fiscal o pacto federal. Lo anterior como reacción a la inequitativa repartición de los recursos económicos que ahora hace la Federación, principalmente a estos estados disconformes. El amague de los gobernadores va desde la modificación obligatoria de este pacto federal, hasta la posibilidad de renunciar al mismo para declararse estados financieramente autónomos.
De igual forma, mencioné que esta idea de causar la fragmentación o desunión del Estado federado mexicano, no es por nada un pensamiento nuevo en la historia de nuestro país, ya que incluso en esta misma Administración federal diversos gobernadores y hasta representantes de la 4T han manifestado su intención de reconsiderar este pacto federal por varias causas.
Ahora bien, debemos comprender que esta balcanización de México, aunque lejana aún, también pudiera estar inspirada en diversos hechos históricos. Por ejemplo, a mediados del siglo 19, Yucatán y Tabasco se separaron del México federal, y años después se integraron nuevamente. Luego, Chiapas, que era parte de la República de Centroamérica, pasó a ser independiente, sin embargo en 1882 se hizo parte de México solo por conveniencia, dado que las controversias que hubo entre Guatemala y México le causaban enormes problemas, por consecuencia de su ubicación geográfica. Asimismo, Nueva Vizcaya se integró a nuestro país hasta el año de 1824, tiempo en que se dividió en las provincias de Chihuahua y Durango.
Incluso, como muchos saben, lo que sucede ahora con estos gobiernos del norte no es un asunto nuevo e imposible, ya que en 1840 existía ya la República del Río Grande, con capital en Laredo, y era conformada precisamente por los estados de Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila. Sin embargo, la República del Río Grande desapareció por la voracidad del comercio en Texas, pero desde entonces y como ahora, este fantasma reaparece con cierta regularidad. De hecho, los casos de Nueva Vizcaya y de Río Grande son bastante añorados por los gobiernos estadunidenses, ya que sus territorios ricos en minerales y gas shale, así como sus grandes cuencas de Burgos y de Sabinas, los hace aparecer como una gran zona de asentamiento comercial.
En fin, es evidente que estamos ante un problema serio de división, que se ha agravado por el cuestionado tratamiento que la Federación ha dado al tema de salud en esta pandemia. Así que, para quienes no lo han visto, el amague separatista de los estados molestos sin duda puede convertirse en una inesperada fatalidad patriótica porque, a decir verdad, de darse este supuesto, la autonomía financiera que traería este rompimiento significaría para los estados del norte el inicio de una época nada adversa, mientras que para el resto de la República esta situación les dejará en una significativa ruina, con presupuesto verdaderamente insuficiente, así que para el Presidente no existen alternativas, por lo que cuanto antes deberá tomar en serio la amenaza, sentarse a negociar los términos de este pacto y empezar a olvidar la construcción del aeropuerto de Santa Lucia y la refinería de Dos Bocas, por lo pronto.
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