Lo que relataré lo subió a su muro de Facebook una enfermera saltillense hace un par de días: es una foto donde se ve a un grupo de 12 jóvenes, no mayores de 20 años, muy juntitos, sin cubrebocas, sonrientes, celebrando una “posada de Semana Santa” bajo la leyenda “Si muere uno, morimos todos” y el hashtag Covid-19.
La enfermera consigna, y cito: “Y uno saliendo a trabajar todos los días. Arriesgándonos a nosotros mismos y a nuestra familia. Salvando vidas, para que unos inconscientes salgan con sus cosas” y remata: “Ya ni enojarse es bueno, Dios los bendiga”.
Pues si, que Dios los bendiga, por ser jóvenes, inconscientes, por ignorar las medidas de sana distancia, por apostar su vida y la de muchos más al “no pasa nada” y al que viva la fiesta, mientras médicos y enfermeras se juegan la vida todos los días ante ese enemigo invisible y que según la Organización Mundial de Salud es 10 veces más letal que el H1N1: el coronavirus.
Ojalá y que alguno de estos jóvenes viera lo que este virus es capaz de hacer, viera lo que sufren las personas contagiadas, lo que significa un colapso pulmonar y que alguien le hiciera entender que esto no es juego.
Ojalá y que por obra de un milagro, mucho más allá de su actual capacidad intelectual, estos jóvenes pudieran comprender que el país entero enfrenta la peor crisis sanitaria y económica de la que se tenga memoria.
Que como país tardaremos mucho en recuperarnos y que desgraciadamente miles de familias saldrán de esta contingencia sin algún ser querido y muchas más en el peor de los escenarios en cuanto a su economía y que por eso la broma de que “si muere uno, morimos todos”, es por decir lo menos, de mal gusto.
Sí, que Dios los bendiga y que no permita que su juvenil inconsciencia afecte a alguien más.
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