Pues oficialmente estamos en la fase 2 de la contingencia por el coronavirus. Esto significa que ya se registran casos en el país de transmisión comunitaria, de contagio horizontal. Y tarde o temprano, entraremos en la fase 3, que es la dispersión generalizada. Así ha pasado en todos lados.
Pero en forma paralela y simultánea se registran otras dos contingencias, la económica y la social. Entramos pues en una suerte de tormenta perfecta.
En el terreno económico el aparato productivo en su conjunto, tanto industria como comercio y servicios, se encamina a pasos agigantados a sus límites de viabilidad; el empleo y los salarios estarán severamente comprometidos y la economía familiar en un riesgo de tal magnitud como no se había presentado en muchas décadas.
En el terreno social las medidas de distanciamiento y la reiterada recomendación de no salir de casa salvo que sea estrictamente necesario, ponen a prueba nuestra capacidad de adaptación. Nos obligan a la socialización cerrada y familiar.
Ya los expertos advierten de problemas de ansiedad y depresión, así como un eventual disparo en los casos de violencia al interior de los hogares.
Esta triple contingencia nos pone a prueba a todos, y sacará lo mejor o peor de cada uno de nosotros.
Así que prepárese, como Dios le dé a entender, para enfrentar las crecientes presiones de salud, económicas y sociales, y ojalá que esto saque lo mejor, y no lo peor de usted.
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