Entra un tipo a un bar y le dice al cantinero:
-Deme una cerveza.
Otro sujeto que también bebía en la barra se le queda viendo al recién llegado durante varios segundos, quizá un minuto completo, hasta que finalmente lo harta.
-Bueno, ¿qué diablos? ¿Por qué se me queda viendo así?
-No, no, perdone, no me lo tome a mal. Lo que pasa es que lo he visto y pensé: “este tipo es bombero”.
-¡Hombre! ¡Qué bárbaro! ¡Qué buen ojo tiene usted! Sí, en efecto, soy bombero de la Estación 19. Y dígame ¿cómo lo supo?
-Bueno, pues por la manera en que entró, por su forma de caminar, por la manera en la que pidió la cerveza y le dio un primer sorbo largo, por el estilo con el que está de pie en la barra, por el casco, por la manguera, por el uniforme, por las botas…
¿Te acuerdas de Humberto Moreira? Se trata de aquel priista que fue Gobernador de Coahuila y que dejó al estado con una doble y pesadísima carga. En primer lugar, les dejó a los coahuilenses una deuda de más de 30 mil millones de pesos, que terminarán de pagar, si bien les va, cuando Chabelo cumpla 250 años. Pero no contento con eso, también les dejó el problemón de haberle heredado a su hermano Rubén Moreira como su sucesor en la gubernatura. A lo mejor fue casualidad, ¡sí, cómo no!, pero durante el Gobierno de Humberto Moreira el narco prácticamente se apoderó de todo el territorio coahuilense. Por si fuera poco, cuando dejó el Gobierno varios de sus colaboradores fueron detenidos en Estados Unidos, acusados de corrupción, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y hasta delincuencia organizada. Si nada de eso te parece suficiente, hay un dato más: Humberto Moreira llegó al poder gracias a que es uno de los alumnos consentidos de Elba Esther Gordillo.
Con todo este historial a cuestas, si alguien dijera que el coahuilense huele a corrupción, seguramente pensarías que no huele, sino que más apesta. ¿Pues qué crees? Que si lo dices en voz alta, corres el riesgo de que la rata… ¡te demande! Eso le pasó y está padeciendo el intelectual Sergio Aguayo, al que Moreira demandó por… ¡daño moral! ¡Moral! ¿Qué moral puede tener este hombre? Seguramente ninguna, pero los jueces resultaron ser más complacientes que los Reyes Magos y de manera increíble le dieron la razón al priista. Debido a eso, el escritor está condenado a pagar 10 millones de pesos a Moreira, quesque porque dañó su buen nombre. Oooobviamente se trata de un burdo y absurdo ejemplo de cómo desde el poder se pretende acallar a la prensa libre y se busca limitar la libertad de expresión, para que tú no sepas, para que tú no te enteres, para que tú no tengas poder sobre nuestros infames políticos.
Yo no soy experto en aromas, pero si es priista, se apellida Moreira, es de Coahuila, fue gobernador y es alumno de la maestra, no huele a corrupto… ¡apesta!
A propósito de olores, llega una señora con el doctor y le dice:
-Ay, doctor, necesito que me ayude. Tengo un grave problema. Fíjese que todo el día ando soltando gases, en todas partes me voy desinflando. Lo bueno es que mis punes no huelen.
-¿En serio, señora?
-De verdad. Es más: mientras estoy aquí con usted ya me he echado cuatro y usted no se ha dado cuenta porque no huelen.
-Tómese estas pastillas y regrese en un mes.
A las tres semanas regresa la señora muy enojada:
-¡Doctor! Su tratamiento no funciona. De hecho, ahora está peor la cosa, porque sigo soltando gases todo el tiempo, pero ahora huelen horrible. ¡Apestan! Sus pastillas no sirven.
-Sí sirven, señora. Ya logramos que recuperara el olfato. Ahora vamos a curarle lo de los gases.
¡Nos vemos el domingo!
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