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Coahuila

Las desventuras de la emperatriz

Por Otto Schober

Hace 5 años

“Carlota nació en 1840, fue hija del rey belga Leopoldo I y de su segunda esposa Luisa María de Orleans. Fue bautizada como Carlota, en honor de la primera esposa de su padre. A la edad de 10, su madre murió y dejó su mimada niñez. Era hermosa, de cabellos negros, ojos pardos y de buenos modales, pero desde chica acusó conductas de su futura locura. A los 16 años, se enamoró a primera vista del archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador Francisco José de Austro-Hungría. Max tenía 24 años, era bien parecido y durante su visita a Bruselas la ignoró. Pero Max comprendió que Carlota le convenía, y pidió su mano al rey Leopoldo I, quien quería que su hija se casara con Pedro V de Portugal. En 1857 la pareja se casó y Max logró que a Carlota le dieran una buena dote y fijaron su residencia en Trieste, donde estaba la villa Miramar de Max, donde era el virrey de Lombardía y Venecia. Max no quiso cambiar sus costumbres de mujeriego y durante la luna de miel le dio jaqueca a la sensible Carlota. A menudo Max se escapaba a Viena para viajes políticos, pero en realidad frecuentaba los burdeles. En 1859 estalló la guerra de liberación italiana y la pareja tuvo que huir. A finales de ese año, Max se fue a Brasil donde se dio la gran vida y se enamoró de la princesa María Amelia que murió muy joven. Se dice que, al regresar a Europa, venía con sífilis y contagió a Carlota, quien optó por no tener relaciones maritales por el resto de sus vidas. Nunca se habló de divorcio y conservaron la fachada de un matrimonio bien avenido. En 1863 le ofrecieron a Max la corona de México, quien dudó, pero Carlota lo hizo aceptar y se vio obligado a renunciar a sus derechos a la corona de imperio austro-húngaro. Max se adaptó bien a su rol de emperador, gozó con mujeres criollas y Concepción Sedano y Leguizano le dio un hijo que no podía ascender al trono. Al no haber posibilidad de que Carlota le diera un hijo legítimo, Max hizo intentó adoptar a un indígena que murió a los tres días y luego a un nieto del ex emperador Agustín Iturbide, pero la madre del joven lo acusó de habérselo robado.

En 1866 se anunció el retiro de las tropas francesas de México y murió el padre de Carlota, Max sugirió abdicar, pero Carlota se opuso y viajó a París para negociar con Napoleón III, sin éxito. Acudió al Papa en Roma, donde asomó toda su locura y dijo que la querían envenenar, durmiendo en la biblioteca del Vaticano, siendo la única dama que oficialmente ha pernoctado en la Santa Sede. Sus familiares se la llevaron a Trieste y vivió en Miramar escoltada por los parientes de Max y sin permiso para tener visitas. Se esparcieron rumores de que quedó embarazada producto de una aventura, y hasta se dijo que su hijo nació en 1867. Max fue fusilado ese año y Carlota es regresada a Bélgica, quien vivió en el palacio de Laken hasta que en 1869 la recluyeron en el castillo de Tervuren, que se incendió diez años más tarde. Carlota fue atada para regresarla a Laken, donde murió de neumonía el 19 de enero de 1927, a los 86 años de edad”. (Resumen tomado del libro “Tras las huellas de un desconocido” de Konrad Ratz).

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