Primero habría que establecer que cualquier noticia que represente, aunque sea en una fracción mínima, una luz al final de este largo, sinuoso y hasta doloroso túnel que significó este 2020, es de celebrarse, pero con mesura y bajo el entendido de que aún faltan meses, muchos meses para declarar derrotada a la pandemia.
Llegó, por fin, el primer lote de vacunas. Llegaron solo 3 mil dosis, y se espera un segundo lote de otras 50 mil, en cuestión de días… de las 34 millones que están contratadas y comprometidas con la farmacéutica Pfizer.
Algo es algo, aunque empezamos este proceso, que el canciller Ebrard calificó como el principio del fin de la pandemia, con el pie izquierdo.
Sí, llegaron solo 3 mil dosis y serán a finales de año 53 mil, de lo que se suponía serían un millón 417 mil dosis, lo que obviamente obligará a ajustar los planes de lo que sería la primera inoculación de personal médico en la Ciudad de México y Coahuila.
Sí, se tendrá que realizar un ajuste, a la baja, brutal.
Así que hay que caminar con pies de plomo. Celebrar, sí, que llega el primer lote, pero entender que el proceso de vacunación universal y gratuita, proyectada inicialmente a concluir el primer trimestre del 2022, podría ser aún más tardado.
En vía de mientras, “un mientras” que bien podría durar un año, no queda de otra que mantener rigurosamente todas esas medidas de autoprotección y protocolos sanitarios que ya tienen harta a la mayoría de la población, pero que significan el único escudo disponible contra el Covid, que también en vía de mientras, sigue propagándose y cobrando vidas.
Y eso no hay que olvidarlo ni por un segundo. Va nuestra salud en ello.
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