Queridas y queridos amigos, estamos a punto de comenzar una fase más en el manejo de la pandemia por el coronavirus, ahora determinada por un semáforo con cuatro categorías que indicarán la apertura progresiva de las actividades no esenciales, bajo criterios sobre el valor social de las mismas y el número de personas que involucran.
Todo parece indicar que comenzaremos la desescalada con semáforo rojo en todo el país, entre los cuestionamientos acerca de la veracidad de la información y el manejo de la crisis sanitaria, es así como llegamos a esta etapa a la que denominan “nueva” normalidad.
Ciertamente una nueva normalidad, pero la de un Gobierno indolente, que ha dado la espalda a los mexicanos que arriesgan su vida para salvar la de otros, como lo son, médicos, personal de enfermería y personal hospitalario.
La normalidad de un Gobierno carente de seriedad y estrategia, sin visión de Estado, que excluye y desprecia el valor más preciado de la democracia como lo es el diálogo, fundamentalmente por ello, la negativa sistemática a instalar una Comisión de Emergencia Económica.
Un Gobierno carente de sensibilidad y vocación de servicio, que se negó a otorgar incentivos fiscales, porque su vocación es en contra de los empresarios, haciéndolo el pretexto perfecto para dejar a su suerte a las micro, pequeñas y medianas empresas.
Normalidad de un Gobierno sin contrapesos, que ha hecho de la contingencia sanitaria, también el pretexto idóneo para atropellar la ley, para aniquilar las reglas, las normas, el orden, como lo es la opacidad hecha decreto, con la que se cancelaron todos los fideicomisos públicos sin estructura, haciéndose de los recursos de –todos– los mexicanos –no solo de sus 30 millones de votos–.
Apenas la semana pasada se levantó revuelo con la iniciativa morenista con la que buscan hacerse del resto de fideicomisos creados por ley, como es el caso del Fidecine o con acuerdos publicados carentes de legalidad en contra de las energías renovables. Al Titular del Ejecutivo le basta con decir que en todo hay corrupción y que ahora se entregarán los recursos directamente.
La nueva normalidad de un Gobierno que no ve ni escucha lo que no le interesa, podría señalarse que hace falta oficio, lo cierto es que, lo que falta es interés o sobra desprecio, solo así puede entenderse que el titular del Ejecutivo tenga la frialdad de reconocer que la violencia contra las mujeres existe, pero que el 90% de “esas llamadas denuncias” que se hacen al 911, son falsas, está demostrado, según sus propias declaraciones, el pasado 15 de mayo; por su parte, la secretaria de Gobernación, sostuvo que se “trabaja” para evitar que aumente la violencia contra mujeres, durante el periodo de sana distancia por la pandemia del coronavirus.
Así que recientemente presentaron una campaña en contra de la violencia, que lo primero que omite, es la violencia contra la mujer y en esta misma semana circuló en redes sociales y medios de comunicación un video de la vida real, en el que aparece el notario público Horacio Aguilar Álvarez, violentando a una mujer, zarandeándola y amenazándola diciéndole “lo quieres por las buenas o por las malas”, presuntamente se trataba de su esposa, así que el individuo posteriormente envía una carta de disculpa, habrá que asumir que no tuvo oportunidad de ver el spot y no contó hasta 10.
Esto es lo que hay de fondo en la “nueva normalidad” que el Gobierno de la –fallida– cuarta “T” ofrece a los mexicanos y así como al principio, luego de dos meses, igual seguimos sin una estrategia, ni en materia de salud, ni en lo económico, sin más rumbo que el de los intereses del titular del Ejecutivo, que ha tenido la frivolidad de hacer uso de la figura de un médico, con el conocimiento y la experiencia para manejar adecuadamente este problema, distrayéndolo de su labor fundamental, para reducirlo a la figura de un vocero que se ha tenido que ajustar al requerimiento mediático de su jefe, que solo atina a decretar de viva voz, que se ha domado la pandemia con una curva de contagio y mexicanos fallecidos que dicen lo contrario.
Les agradezco su lectura, nos leemos la próxima semana.
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