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‘Cuento de la manera más honesta lo que me ha tocado vivir, observar’: Pedro Valtierra

  Por Christian García

Publicado el miércoles, 24 de febrero del 2021 a las 03:59


Pedro Valtierra colabora con la Secretaría de Cultura en el Concurso Nacional de Fotografía de Derechos Humanos

Saltillo, Coah-. El día que entrevisté a Pedro Valtierra hacía frío y solo lo abrigaba un chaleco que lo delataba como fotoperiodista de la vieja guardia. A la par usaba unos guaraches sin calcetines que hablaban, a su vez, de un origen humilde del cual se siente orgulloso. “Este frío no es nada para un campesino de Fresnillo”, dijo sobre la tierra que lo vio nacer en Zacatecas, en 1955. “Pero la verdad sí está calando”, agregó con una risa jovial que ha acompañado en sus 48 años de trayectoria.

Si bien Valtierra comenzó como fotógrafo profesional en 1973, su pasión por la imagen nació en la niñez, porque recuerda que le gustaba “ver la tierra en que nací. En el campo veía las nubes y sus paisajes, y me gustaba eso. Yo al ver un paisaje lloro por su belleza, me conmueve ver esos cielos cuando llueve y los rayos de luz que traspasan sus nubes. Esas cosas a mí me fascinan, las disfruto ver”.

Sin embargo, a esa edad, la cámara era aún desconocida para él, a pesar de que el contacto con la fotog periodística ya estaban al alcance de su mano en la plaza de la ciudad. El amor llega, en cambio, cuando entra al laboratorio de revelado, ya que “cuando entras ahí, conoces la magia: revelas la foto”, recordó.

A pesar del impacto que la luz dejó en su memoria admite que seguir riendo así no es sencillo, sobre todo cuando se ha visto de frente el horror de la guerra y, especialmente, se ha captado. Más aún, si esto sucede en plena juventud, ¿qué huella dejó en él fotografiar, después de ser un fotoperiodista de política, la muerte y el caos de la Revolución Sandinista en Nicaragua, que fue a cubrir en 1979, cuando tenía solo 23 años?

“Es una gran experiencia cubrir una guerra. Estar cerca de la gente, de su dolor, de la desgracia y el sufrimiento, esto es siempre una cosa muy triste y muy fea. Ya que te tienes que adecuar a sus circunstancias que son, de por sí, muy difíciles y complicadas.
“Pero yo tenía 23 años y como periodista fue muy interesante adecuarme a ellas porque me cambiaron mucho, me formaron, eso me ayudó”, comentó el fotógrafo quien presenta hoy su exposición Pasión por lo Cotidiano en la Taberna El Cerdo de Babel.

Riesgo de combate

Las fotografías que presentará retratan eso: la violencia, el dolor, el hartazgo y la furia, pero también la belleza, la solidaridad y la fuerza de los humanos. Son trabajos que en su dimensión revelan numerosas aristas de la complejidad del mundo porque, si de algo sirve el periodismo, es para dejar un recuerdo de lo que somos y de que no todo está perdido.

Esas imágenes no pueden ser vencidas por el lado oscuro que llena al hombre, apunta Valtierra, porque en la mente del fotógrafo debe de estar algo siempre presente: el respeto. El cual aprendió gracias a su “origen como gente del campo que me hizo valorar mucho mis experiencias y, lo más importante, me enseñó a ser muy respetuoso con la gente, especialmente, a la que retrato”.

La lente de Valtierra ha visto, también, el levantamiento del Frente Polisario de la República Árabe Saharaui Democrática en contra del Gobierno de Marruecos, en 1982, además de los movimientos guerrilleros en Guatemala, El Salvador y México en tres décadas distintas, que van de 1970 a 1990. Todo esto le ha demostrado la crueldad y coraje que guarda cada hombre, pero también le han permitido seguir fuerte en la única responsabilidad que tiene como fotógrafo: “contar de la manera más honesta lo que me ha tocado vivir, observar”.

Ello incluye la violencia, claro, pero no el morbo. Sino la vergüenza ante el hecho, la fuerza de la denuncia. El respeto, nuevamente, hacia las víctimas y hacia su trabajo. Ya que como apunta, el fotógrafo corre un riesgo al ver la sangre derramada y atestiguar su camino, y este es que “realmente dentro de los conflictos uno se puede volver, hasta cierto punto, insensible, y puede caer en el gusto de retratar solamente el dolor de los muertos.

“Yo pienso que, por el contrario, la guerra me humanizó porque me hizo ver muchas cosas feas. El riesgo es que, como le pasó a muchos fotógrafos, te guste captar solo la violencia y dejes de valorar la actitud de la gente. Eso es el riesgo de la guerra: solo buscar el dolor y la tristeza. Pero a mí esa violencia me sensibilizó y me hizo pensar en que la vida no es fácil, estas experiencias te ayudan a valorar la vida propia y la de los demás”.


Comprensión, empatía

Esa sensibilidad llega con la empatía, y esta solo existe cuando se comparte un momento de la vida del otro, de aquel que se va a fotografiar o del que se va a escribir. El mítico periodista Ryszard Kapuscinski (1932- 2007) lo dice en su libro Los Cínicos no Sirven para este Oficio y Valtierra está de acuerdo. Es por eso que siempre procura “conocer la situación que viven estas personas, eso te permite ser respetuoso y no agresivo”.

Así, del compartir ese dolor o bonanza, nace la comprensión que permite “que me duela el dolor de los demás, me hace sufrir, porque uno tiene que estar cerca de esa gente y entender, comprender lo que está viviendo para, de esa manera, poder contar mejor su vida. Te hace saber que tener una cámara o una pluma no te hace superior a nadie; te mantiene con los pies en la tierra, y a los periodistas nos ayuda a darnos cuenta de que no somos más que testigos y contadores de historias”.

Es por ello que el periodista adquiere una deuda con lo real y lo honesto. Eso se asume aún más en el campo de la fotografía, ya que esta debe ser el momento exacto que hable y cree esa narrativa estática. Una imagen que hable por los personajes mudos que la conforman.

“La fotografía tiene elementos estéticos, técnicos y de la composición, pero tiene un elemento más importante: el de la comprensión hacia los sujetos que estás viendo, vidas que deben ser captadas con todas las técnicas y elementos de los que hablé. Todo eso lleva a lo más importante de la fotografía, que es que logres detener y sacar lo que son tus personajes, lo que finalmente es la parte más difícil.

“No solo basta con tener una buena foto con una buena composición o una buena luz, sino darle esa parte de valor de la gente que podría definirse como sacarles el alma, porque uno busca siempre eso: reflejar la realidad”.

Metas cumplidas

Y aunque Pedro Valtierra, uno de los más importantes fotoperiodistas de Hispanoamérica, admite que aún no ha logrado sacar el alma de sus personajes, sí apunta que ha logrado las metas que se propuso en estas décadas de presionar el obturador.

El aprendizaje que le dejó su infancia bajo los rayos del sol; su juventud entre el silbar de las balas de la selva nicaragüense, el calor revolucionario en el sur de México acompañando al EZLN o la violencia de El Salvador, se ha convertido en un camino interminable que guarda, en cada segundo, una sorpresa nueva para su ojo y su pasión: la fotografía.

“Las metas van cambiado conforme se desarrolla la vida y el trabajo. Aunque creo que he ido cumpliendo los objetivos que me he planteado, porque para mí el único es, y de esto no tengo duda, hacer foto.

 

“Soy un fotógrafo de la calle que para estar bien necesita tomar fotos, y aunque he dejado de dedicarle el tiempo que quisiera, creo que finalmente he cumplido esa meta. Esa claridad me ha llegado hasta ahora porque solo quiero hacer foto, me hace sentir a gusto, me da un gozo inmenso y porque creo que aún tengo muchas historias que contar”, concluyó.

 

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