Estados Unidos tiene uno de los impuestos corporativos más altos del mundo, pero pronto pasará a tener uno que, si bien no estará entre los más bajos, sí será competitivo. Esto representará un reto enorme para México, que sigue teniendo uno de los regímenes fiscales más costosos. Si el Gobierno mexicano no reduce el impuesto sobre la renta para empresas, el país pronto registrará una pérdida importante de inversiones.
El impuesto sobre la renta es uno de los factores más significativos en las decisiones de inversión. En igualdad de circunstancias, un inversionista siempre preferirá colocar su dinero en un país en el que se cobre un menor gravamen.
Muchos economistas y gobernantes se han dado cuenta de que una reducción en el impuesto corporativo suele generar mayores inversiones. Irlanda fue el precursor de una tendencia al disminuir su impuesto sobre la renta para empresas de 32% en 1998 a 12.5% en 2003. Esta disminución produjo una avalancha de nuevas inversiones que promovieron un fuerte crecimiento económico que llevó al país a convertirse en el “tigre celta”.
El ejemplo ha cundido. Otros países del mundo han decidido también reducir sus impuestos corporativos. Suecia bajó el suyo de 28% en 2008 a 22% en la actualidad. El Reino Unido disminuyó de 30 a 19 por ciento. Hungría, que ya tenía una tasa baja de 19%, acaba de reducirla a 9% en este 2017 (KPMG) con el propósito de convertirse en el tigre de Europa oriental.
Los países europeos tienen en la actualidad un impuesto promedio de sólo 18.7% mientras que África registra 28.8% (taxfoundation.org). Estados Unidos, a pesar de toda su retórica a favor del capitalismo, registra la tercera tasa más elevada del mundo, 39%, de lo cual 35% corresponde al impuesto federal y 4% a un promedio de los impuestos estatales. Sólo los Emiratos Árabes Unidos, con 55%, y Chad, con 40%, tienen impuestos corporativos más altos.
Esta situación, sin embargo, está a punto de terminar. El Partido Republicano ha casi concluido una reforma fiscal que disminuirá el impuesto corporativo federal de 35 a 21 por ciento. La reforma también dejará de cobrar impuesto a las utilidades de las empresas estadounidenses fuera del territorio nacional, una medida que ha provocado que las empresas mantengan 1.9 billones de dólares en el exterior. Este cambio de reglas facilitará la repatriación de capitales.
La reforma de los republicanos no es perfecta. No elimina muchas de las exenciones y deducciones absurdas del sistema ni realmente lo simplifica. Tampoco reduce el gasto público, por lo que seguramente elevará el déficit de presupuesto. Aun así, la reforma ciertamente hará más atractivo el mercado estadunidense para las inversiones.
Nuestro país tiene también un impuesto corporativo muy alto: 30% contra un promedio mundial de 22.9% port ciento. Pero México cobra además un impuesto, el “reparto de utilidades”, que añade otro 10% a la factura fiscal. A los inversionistas se les retiene un 10% adicional cuando reciben dividendos, lo cual eleva el costo fiscal de invertir en México a 50 por ciento. Si México mantiene estos altos impuestos, y Estados Unidos baja los suyos, nuestro vecino será mucho más atractivo para las inversiones, no sólo de estadunidenses sino de mexicanos también.
¿Conservadores?
¿Es reducir impuestos una medida conservadora? En Estados Unidos el republicano Dwight D. Eisenhower mantuvo impuestos altos y generó una recesión en la década de 1950. En los 70, en cambio, John F. Kennedy, demócrata, bajó los impuestos e impulsó una fuerte expansión económica.
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