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Grupo Zócalo
Publicado el viernes, 26 de marzo del 2021 a las 15:02
Ciudad de México.- Un nuevo estudio realizado en el Universidad de Japón ha confirmado que, a pesar de que los gatos son capaces de reconocer las voces de sus dueños, prefieren ignorarlos. El motivo de esta llamada ‘indiferencia’, suele esfumarse a la hora de reclamar la comida, pues hay que buscarla con la autodomesticación de la especie a traves de miles de años.
El estudio de Atsuko Saito y Kazutaka Shinozuka se centró en 20 mascotas analizadas en sus propios hogares. Estimularon a los gatos mezclando las voces de tres extraños con la de sus dueños, todos ellos llamándolos por sus nombres y fuera de su vista.
Posteriormente se estudiaron las respuestas de cada caso, tomando en cuenta factores como el movimiento de sus patas y sus cabezas, los maullidos, la dilatación de sus ojos y los desplazamiento a través del lugar.
Al escuchar sus nombres, los gatos demostraron tener una “conducta de orientación”, moviendo sus cabezas y oídos para saber desde dónde llegaba el estímulo, y aunque tuvieron mayor respuesta a la voz de sus dueños que a la de los extraños, en ningún caso se movieron de su lugar.
“ Esto demuestra que los gatos no responden de manera activa con conductas comunicativas hacia sus dueños cuando estos los llaman sin ser vistos, aun cuando pueden distinguir a las personas que conocen de los extraños
Otro estudio práctico de la Universidad de Lincoln, Reino Unido, pone en contexto las diferentes reacciones de los felinos, los perros y los bebés humanos ante una situación de ausencia de su dueño o padre/madre. Mientras los perros acuden ansiosos y felices al regreso de sus dueños y los bebés buscan a sus madres, los felinos son más independientes.
El estudio publicado en la revista Animal Cognition sugiere que la no respuesta gatuna a los llamados de sus dueños o de los extraños se debe a la historia de su domesticación, la que también contrasta con la que desarrollaron los canes.
Los análisis genéticos más recientes indican que el ancestro común de los actuales gatos hogareños es el Felis silvestris, una especie de gato salvaje que comenzó a tener contacto cercano y habitual con humanos hace unos 9.000 años.
A medida que los humanos se hicieron agricultores y sedentarios, comenzaron a acumular granos. Los roedores que buscan alimentación en los depósitos atrajeron a su vez a los gatos, que se acercaron a cazarlos. Así, no fueron domesticados como un perro o un caballo, con fines utilitarios, sino que se fueron para buscar comida en la vida hogareña. Se los adoptó, pero por iniciativa y conveniencia de ellos.
A pesar de esta cuestión histórica, y del saber común que señala que los perros son más afectuosos y cercanos a las personas que los gatos, sus dueños no dejan de entregarse a sus mascotas igual que quienes adoptan a un can. En una conclusión particular, los veterinarios japoneses expresan al final de su informe que “no se ha podido determinar qué conducta felina hace que sus dueños sean tan apegados a ellos”.
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