¡Qué distinto se observa todo! Observo los acontecimientos y me pregunto si realmente la pandemia ha logrado que seamos mejores.
Considero que un año de confinamiento ha sido más que suficiente para permitirnos a todos reflexionar. Cada persona en su propio espacio, sin duda ha debido hacerlo.
Recuerdo que años atrás, al llegar la Cuaresma, tiempo de preparación espiritual, se ofrecían diversos “sacrificios” para “agradar a Dios”. “No voy a comer chocolates” o “no tomaré refrescos” era lo más común que se escuchaba de las jovencitas de una época que pertenece al ayer.
Por supuesto que no eran sacrificios como tampoco era lo que Dios esperaba de todos nosotros.
Los días Santos, la Semana Mayor era de recogimiento, de asistir a los Oficios religiosos que las iglesias preparaban. Yo acudía a todos ellos acompañando a mis abuelitas y a mi mamá.
Tengo muy presente el rostro de Jesucristo reflejando el dolor por la infamia cometida en su contra. La aceptación por la obediencia al Padre, para la salvación de la Humanidad.
Me impresionaba y me sigue impresionando ver las figuras en las iglesias, tan reales que pareciera que en cualquier momento recobran vida. La mirada de Jesucristo, de dolor, pero quizás también de decepción ante su sacrificio; por muy poco o quizás por nada. Figuras, tal vez de yeso, hechas por excelentes artesanos.
El rostro angustiado y bañado en lágrimas de María, la Virgen, al sostener en sus amorosos brazos el cuerpo de su Hijo.
¡Cuánto amor por la humanidad! Gran ejemplo de sacrificio y de obediencia.
Más de dos mil años han transcurridos del sacrificio tan grande de Jesucristo y los seres humanos, quizás, no hemos comprendido que a las generaciones que han existido se les dio la oportunidad de vida plena.
Hoy, la pandemia que nos ha tocado vivir, nos ha obligado al confinamiento en casa. Los servicios religiosos con menor asistencia. Sin embargo, no podemos quejarnos del todo porque nuestra fe, se mantiene firme.
Lo que sí es lamentable es que haya quien todavía no es capaz de reflexionar cual es el papel que le toca realizar. Ya sea en familia, en la sociedad, en el gobierno, todos tenemos una tarea que desarrollar y cumplir de la mejor manera para alcanzar la excelencia de ser posible.
Por el contrario, vemos por doquier violencia de toda índole. Violencia en hogares dirigida hacia las mujeres, los niños. Actitudes de intolerancia quizás por el confinamiento en parte, pero también por la intolerancia y la falta de comprensión. Cuando la violencia se desata, nadie se detiene a pensar en que son los niños los que llevan la peor parte.
En la sociedad, hay personas que han aprovechado la situación que se vive en la actualidad, para agredir a otros. Asaltos a casa habitación, enfrentamientos y provocación de bandas delictivas a la policía, a la misma autoridad.
En el gobierno, la violencia ha estado presente desde Palacio Nacional. Un día sí y otro también, los ciudadanos somos agredidos. Es vergonzoso y repudiable que un gobernante no gobierne y se dedique a lanzar descalificaciones en contra de quienes no pertenecen a su grupo político.
Peor aún que en un Recinto donde se formulan iniciativas que se convierten en leyes, supuestos representantes de los ciudadanos -llámense diputados o senadores- se conviertan en lacayos al servicio de un individuo en el poder.
Todos ellos olvidan algo muy importante: los cargos son para servir, no para servirse. El poder, es para buscar el bien común. Hay que construir buscando la armonía, no generar violencia porque ésta, destruye.
Vivamos la Semana Santa recordando el sacrificio del Hijo de Dios. Reflexionemos y tratemos todos de convivir como seres humanos, no como enemigos.
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