Coahuila
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el domingo, 18 de abril del 2021 a las 04:00
Múzquiz, Coah.- “Yo hago de nuestras tradiciones una prioridad”, fueron las palabras de Laura Alejandra Herrera, hija y nieta de Negros Mascogos.
Los Mascogos son un grupo afroamericano en Coahuila, concentrados en un lugar llamado El Nacimiento, en el municipio de Múzquiz, donde viven las familias descendientes de semínolas negros.
En entrevista exclusiva para periódico Zócalo, Laura Herrera, propietaria y cocinera principal de El Maná de Cielito, abrió las puertas de su corazón y de su puesto de comida tradicional, que se convirtió en el sueño más grande de ella y su familia, pues se han propuesto que no exista una sola persona que visite Coahuila, que no se enamore del sabor de los Mascogos.
“ Los mejores recuerdos de mi infancia giran alrededor de la comida de mi abuela, los aromas de su pan de maíz hecho en acero acompañado de un té de poleo, me acompañarán hasta mis últimos días.
Al igual que ella lo aprendió de sus padres y sus abuelos mascogos, enseñó a mi madre a cultivar y fabricar cada ingrediente casero que distingue los sabores de nuestros platillos.
Esa valiosa herencia llegó a mis manos y con el paso de los años la fui perfeccionando, en el 2018 apoyada por el trabajo de mi familia, abrí oficialmente El Maná de Cielito, que significa comida celestial, en el corazón de El Nacimiento.
Este sueño familiar lo iniciamos cocinando en el suelo, a base de mucho sudor, lágrimas, caídas y levantadas.
Pero poco a poco ha ido tomando forma, hasta convertirse en un lugar con la capacidad para hospedar a las familias que desean conocer nuestros sabores y las tradiciones de la etnia.
En mis inicios con el puesto tuve el honor de cocinar para celebridades como Ana Paula Gerard, esposa del expresidente Carlos Salinas de Gortari, quien nos dedicó un página de su libro “México, encuentros culinarios”.
También cocinamos para las autoridades encargadas de darle a Múzquiz la categoría de Pueblo Mágico.
Y cuando me pregunto por qué eligieron mi tan modesta comida, sin sonar presuntuosa creo que es porque su sabor representa el orgullo que me da que en mis venas corra la sangre semínola.
En nuestra cocina no seguimos recetas, pues nuestros platillos varían de acuerdo con los ingredientes de temporada que tengamos en existencia, pues toda su elaboración esta hecha con productos de nuestra huerta y de la granja, con preparación artesanal.
Todo se cocina a las brasas en acero, entre lo más pedido esta el cabrito y el pan de maíz, pero detenerse a comer en El Maná de Cielito es toda una experiencia, pues los niños que nos visitan tienen oportunidad de interactuar y alimentar a los animales de la granja, de pasear en la carrucha y recorrer el nacimiento, maravillarse con nuestro río, las mujeres pueden vestirse con nuestros trajes típicos para la foto del recuerdo, llevarse una muñeca o una artesanía, y para los que quieren ir más allá, hospedarse y al caer la noche presenciar uno de los más hermosos escenarios estelares.
En este andar no todo ha sido miel sobre hojuelas, el año pasado la pandemia nos obligó a cerrar un año completo, pensamos que este sueño que es nuestra principal fuente de ingresos se venía abajo, en temporadas de lluvia ruego porque no se nos derrumbe el techo de paja y madera que con tanto esfuerzo construimos, pero es para lo que alcanza.
La sequía también nos ha golpeado, ya que el río es uno de los principales atractivos que podemos ofrecer al turismo.
Pero nuestros antepasados han bendecido esta ofrenda de trabajo digno en el que hemos puesto todo nuestro corazón y esperanzas.
Han cuidado fielmente de nosotros, pues en la etnia no hubo un solo brote de coronavirus.
El pasado mes que abrimos de nuevo, las ventas y visitas de turistas disminuyeron considerablemente, pero cada fin de semana nuestra cocina vuelve a tomar vida, poco a poco vemos personas llegar y deleitarse con nuestro sazón, ellos y sus comentarios llenos de amabilidad son nuestra principal propaganda para agrandar la clientela.
Sé que el futuro será mejor, pues si algo me ha enseñado la bondad de la comida es que todo lo que se hace con amor, da buenos frutos”.
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