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Publicado el miércoles, 12 de mayo del 2021 a las 18:11
Ciudad de México.- Este 12 de mayo se conmemora el centenario de la muerte de Emilia Pardo Bazán (A Coruña, 1852 – Madrid, 1921), una escritora que destaca, aparte de por sus méritos literarios, por su continua lucha por la emancipación de la mujer. Uno de los frentes de esta batalla, denominada en la época la “cuestión académica”, fue su empeño por formar parte de la Real Academia Española (RAE). Hasta tres veces lo intentó, aunque sin éxito.
De haberlo logrado, habría sido la primera académica numeraria de esta institución, pero no pudo hacer historia. De hecho, hubo que esperar hasta 1978 para que otra mujer, la escritora Carmen Conde, accediera a la Docta Casa, aunque todavía el número de mujeres presentes en esta institución sigue siendo escaso.
En 1886 empieza a ser mencionado el nombre de Emilia Pardo Bazán como posible candidata a entrar en la Real Academia Española y el rumor se va haciendo cada vez más fuerte: la escritora desea ser miembro de la Academia.
EL EJEMPLO DE “LA AVELLANEDA”
En 1889 el diario El Correo publica, con el título “Las mujeres en la Academia”, cuatro epístolas inéditas de Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camagüey, 1814 – Madrid, 1873). Fechadas en 1853, su contenido gira en torno a las gestiones realizadas por esta poetisa y dramaturga nacida en Cuba con el objetivo de incorporarse a la Real Academia Española.Para ello, amparada en sus logros literarios, envió una petición de ingreso al director de esta institución. Recordemos que hasta 1858 todavía era posible postularse como candidato sin necesidad de ser presentado por tres académicos. Sin embargo, a pesar de contar con algunos apoyos, Gertrudis Gómez de Avellaneda vio denegada su solicitud.
Ninguna norma impedía la entrada de las mujeres, pero, tras un intenso debate, en 1853 llegaron al acuerdo de prohibirla. Como narra Alonso Zamora Vicente en su “Historia de la Real Academia Española”, los académicos reunidos votaron en contra de permitir la entrada a mujeres. El resultado no fue unánime: catorce académicos votaron en contra de la entrada de mujeres, y seis a favor (otros tres votos a favor no se contabilizaron por provenir de académicos que no pudieron acudir en persona, como Manuel José Quintana, Eugenio de Tapia y Nicomedes Pastor Díaz). Este acuerdo se cumplirá indefectiblemente durante años a pesar de que nunca fue escrito ni formó parte de los estatutos de la Real Academia Española.
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