A nueve días de que los ciudadanos acudamos a las urnas, la declinación de algunos de los candidatos en favor de otros ha ocurrido en cascada. Es decir, que precisamente a unos cuantos días del cierre de las campañas electorales, de las elecciones más grandes de la historia del país, se ha dado una “lluvia” de candidatos que han declinado por sus oponentes en todo el territorio nacional y en Coahuila, incluso sin que las dirigencias partidistas hayan tenido conocimiento con anticipación de tales decisiones.
Para no pisar callos locales, pondré como ejemplo lo sucedido hace días, en pleno debate de candidatos para la Gubernatura de Tlaxcala, en el cual la candidata del Partido Encuentro Solidario (PES), Liliana Becerril Rojas, decidió dejar sus aspiraciones en favor de Anabell Ávalos Zempoalteca, abanderada de la coalición Unidos por Tlaxcala, de los partidos Revolucionario Institucional (PRI), Acción Nacional (PAN), de la Revolución Democrática (PRD), Alianza Ciudadana (PAC) y Partido Socialista (PS).
“Hoy declino por Anabell Ávalos porque tiene una propuesta al alcance de las necesidades de Tlaxcala porque es incluyente y solidaria, juntas vamos por la grandeza de Tlaxcala”, exclamó la candidata antes de retirarse del debate. El líder nacional del PES, Hugo Éric Flores Cervantes, calificó el acto como una “desfachatez”.
Así pues, lo mismo ha sucedido en nuestro estado, cuando diversos candidatos, en su mayoría ilustres desconocidos que se percataron de que los electores poco los volteaban a ver y que sus partidos no tiraban la casa por la ventana como habían soñado, han decidido declinar en favor de otro candidato antes de asumir su inminente derrota.
¿Pero puede declinar un candidato por otro? Definitivamente no, ya que figura de “declinación” ni siquiera existe en la legislación electoral. Así que, cuando un candidato declina a favor de otro, lo único que hace es renunciar a la contienda, lo que en nada significa una alianza formal con el otro candidato. Incluso, la ley prevé que si un candidato renuncia, el partido o la coalición que lo postularon tienen la posibilidad de registrar a otra persona como abanderado y garantizar que aparezca en la boleta, lo que en nada ayudaría al candidato que se dice favorecido.
Entonces, debemos entender que estas declinaciones que no son naturales y que no corresponden a una agenda pactada entre los partidos o entre las corrientes ideológicas, sino meras ocurrencias de grupos minoritarios y de candidatos que se sienten agobiados por las encuestas.
Los votos no se trasladan de un candidato a otro porque un candidato decline. Los electores no somos mercancía ni zombis, pensamos, tenemos ideas y necesidades, las cuales a veces creemos que un candidato representa, por lo que, cuando un candidato declina lo único que hace es traicionar su carrera, sus ideas y hasta su propio liderazgo. Los electores necesitamos candidatos con fortaleza, que verdaderamente entiendan que la política es un servicio a la sociedad, y no un mercado donde se dé la compra-venta de candidatos y electores, por lo que esas declinaciones nos ofenden tanto como la violencia política que estamos viviendo en varios lugares del país. Al país le urgen valores, principios y liderazgos que se sostengan con fuerza, pero no por la fuerza del dinero o del mercado.
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