Arte

Publicado el miércoles, 16 de junio del 2021 a las 05:00
Ciudad de México.- De regreso en Berlín, su centro de operaciones, Alfredo Daza afina un nuevo papel: Lord Enrico Ashton de Lucia de Lammermoor, la gran tragedia romántica de Gaetano Donizetti que significará el debut del barítono en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona.
Un rol largamente ambicionado por el mexicano, cuyo debut en el Teatro Colón con este mismo papel fue cancelado debido a la pandemia en septiembre de 2020.
Cumplirá entonces en Barcelona, en julio, su postergada cita con Donizetti, en compañía de la soprano estadunidense Nadine Sierra y el connacional Javier Camarena.
Con el papel de Enrico, hermano de Lucia y enemigo acérrimo de Edgardo, Daza se sumergirá en una de las joyas del bel canto.
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Durante mi estadía en Staatsoper Unter den Linden (de Berlín) me perdí mucho del bel canto, pasé de Rossini y Mozart al Verdi porque en la Staatsoper no se hace casi Donizetti, ni Bellini. Son gustos del maestro (Daniel) Barenboim, quien, por lo regular, le da preferencia a los Verdis y a los Wagners”, responde el cantante mexicano vía telefónica desde la capital alemana, donde cumple la cuarentena tras un viaje a México.
Un barítono alabado por la crítica por sus interpretaciones de los roles verdianos en su repertorio, que ya suman 10, a los que se agregarán pronto el general romano Ezio, de Atilla, previsto para noviembre en Tenerife, España, además de tener en la mira a Rigoletto, un papel que ya tiene aprendido, pero cuyo debut obligó a postergar por la pandemia hasta 2023.
Como muchos otros cantantes, Daza ha visto canceladas funciones por el Covid-19.
Nutrida trayectoria
Daza, nacido en la ciudad de Puebla en 1976, acumula 55 papeles en un cuarto de siglo de carrera sin parar, preocupado por construir un repertorio apropiado para su instrumento.
Su debut operístico ocurrió con una Carmen, de Georges Bizet, en el Auditorio Nacional. Cantó el papel de Dancairo con la dirección concertadora de Enrique Bátiz, al frente de la Orquesta Filarmónica Nacional, reunida para la ocasión con 60 músicos de la Filarmónica de la Ciudad de México y de la Sinfónica del Estado de México.
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Nervios había, porque era con el maestro Bátiz, quien tenía un oído que cualquier cosa te agarraba, cualquier error, y él dominaba el francés; a todos se los ponía quietos. Siempre trabajé muy bien con él y era el nervio de hacer una ópera profesional”, recuerda el barítono, quien era parte de Solistas Ensamble de Bellas Artes.
Comenzó sus estudios musicales en Puebla, con Rolando Martínez, un hombre hambriento de hacer ópera, tanto que a los 16 años Daza ya hacía un mozartiano, Don Giovanni, escenificado y con orquesta, en el teatro principal de la capital.
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Una cosa media de locura, pero ese tipo de experiencias no se consiguen tan fácilmente”, cuenta.
Y dejó también huella en él Enrique Jaso, ya en la Ciudad de México, a donde se trasladó para estudiar en el Conservatorio Nacional. “Sobre todo (recuerdo) el gran cariño que (Jaso) tenía a sus alumnos y a la ópera en sí; creo que eso se pega”, dice Daza a propósito de su maestro. “Eso lo llevo en mí”. Lecciones que ahora traslada a sus propios alumnos.
Apenas en mayo Daza vio cumplido su deseo de cantar una zarzuela completa, lo consiguió con La del Manojo de Rosas, de Pablo Sorozábal, en Oviedo, con Milagros Martín, una leyenda del género. Y seguirá sumando papeles.
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Sí he cantado un chorro de papeles. Hay veces que me gustaría cantar los mismos todo el tiempo, como algunos colegas, porque me la vivo estudiando un papel, pero es una belleza el haber cantado tantos roles. Me gusta la variedad”, dice el mexicano, quien con un pianista repetidor ya pule los detalles para su debut como Enrico Ashton.
Con la Staatsoper Unter den Linden, a donde llegó por invitación de Barenboim en 2004, ha estrenado una gran cantidad de papeles. Ese tiempo le enseñó a negociar los roles convenientes para su carrera. Rechazó, por ejemplo, Un Baile de Máscaras, de Verdi, que le ofrecieron a los 28 años, pues consideró que aún no era tiempo.
Daza optó por seguir su carrera por la vía independiente tras 12 años como barítono principal de la Staatsoper Unter den Linden, de Berlín, aunque la capital alemana sigue siendo su centro de operaciones.
Establecerse en México no es opción para el cantante, quien lamenta la escasa actividad operística en el país. En contraste, en Alemania hay más de 80 ensambles estables de ópera.
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Yo creo que México ya no es para mí, ya son muchos años fuera y, para lo que yo hago, lo veo muy difícil. Extraño México, pero es que, de veras, operísticamente no hay nada, hay muy poca actividad”, dice el barítono poblano.
La ópera en estos 25 años le ha dado tanto ilusiones como dolores de cabeza, mas no duda al declarar: “La ópera es mi vida”.
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