La novedad “mañanera” de la semana es una sección que, según parece, se pretende dedicar en ese ejercicio comunicativo a develar ante el desinformado público quiénes de los adversarios del Presidente, quién lo engaña, de qué manera lo hacen y por qué medios.
Sería deseable que no cayera el ejercicio en uno de mera esgrima retórica, sino que en todo caso, sirviera para reforzar la garantía de veracidad de la información pública, especialmente cuando es tan cuestionada como lo está en estos tiempos.
La prometedora sección, estrenada apenas el 7 de julio, se llamará “Quién es quién en las mentiras de la semana” y pondrá en cuestión las noticias que sean “narraciones dudosas” que tengan por origen “fuentes inciertas y poco conocidas que ganan grandes audiencias en poco tiempo a través de redes sociales”.
Sobre esas noticias se propone identificar el origen; las redes sociales más activas en su difusión; “qué grupo o persona está detrás de esas cuentas, y cuál es su agenda política o ideológica”; “¿dónde se originaron las fotos y videos”, además de preguntarse si tales fotos y videos “parecen alterados” y si “están fuera de contexto”.
La gestión de esa sección, que se anuncia semanal, estará a cargo de Ana Elizabeth García Vilchis, a cuyo cargo corrió la presentación, que en su primera edición estuvo dedicada a tres noticias que calificó como falsas, y algunos comentarios subidos a las redes
sociales.
Es cuando menos curioso que, a pesar de anunciar que el propósito es “verificar” la veracidad de las noticias, se parta de considerar su falsedad. No lo es menos que, pretendiendo “descubrir” quién está detrás de la nota que se estimó adversa, en esta primera edición se haga referencia a medios y periodistas sobradamente conocidos, cuya filiación política, además, no es ningún secreto ni representa misterio alguno.
Por sus antecedentes, contexto, enfoque y metodología, esta campaña tiene más visos de antídoto que de ejercicio de transparencia y, tal como se ha presentado y por su carga de epítetos -que reitera los empleados inveteradamente por el Presidente- bien podría ser tomada como advertencia para quienes disientan del parecer presidencial y así lo expresen.
Aunque se anuncia como un espacio de diálogo circular, no deja de tener un tono elevado de hostilidad y advertencia.
La metodología no dice quién, aunque se supone, hará la que llama “verificación”, que más suena a “indagatoria”, y aunque se exprese en términos de “buscar la veracidad de la información”, no deja de ser un índice intencionado que, como la historia ha demostrado, suele ser preámbulo de hostigamientos, persecuciones e
infamias.
No quiere decir que este ejercicio consista en ello, pero mucho se acerca, asumiendo un riesgo que valdría más evitar en aras de la más abierta
democracia.
No está de más tener presente el texto del Artículo 19 de la Declaración de los Derechos Humanos, que dice: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de
expresión”.
En similares términos lo dispone el Artículo 13 de la Convención Americana Sobre Derechos Humanos, sin más restricciones que los derechos de terceros y la seguridad del país.
Cualquier atisbo de molestia vulneraría esa libertad y, por lo tanto, convendría evitar todo lo que se le parezca, sin olvidar lo que estatuye el Artículo 30 de la Declaración Universal a que se hizo referencia: “Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta
Declaración”.
Hace bien el Presidente cuando recuerda que la verdad nos hará libres. El buen juez por su casa empieza.
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