Definitivamente los principios de equidad e igualdad no se generan con solo el paso del tiempo, sino con ciertos acontecimientos que de manera abrupta nos hacen recapacitar y cambiar de opinión o en su caso fortalecer estos principios, hoy tan importantes y que siempre debieron y deben de estar presentes, viviéndose, gozándose en cualquier sociedad.
Si el tiempo de existencia de una sociedad o comunidad fuera determinante para vivir la equidad, An San, la coreana que ha hecho una hazaña histórica al obtener tres medallas en la disciplina de tiro con arco para su país, no estaría sufriendo las conductas machistas por parte de compatriotas suyos, pues el origen de Corea se remonta al año 75 a.C. Y es que comentarios como “No te entrenamos ni te dimos de comer con el dinero de nuestros impuestos para que hicieras actos feministas”, muestran un alto grado de falocracia de dicha comunidad, al ser señalada por su corte de pelo, el cual es señalado de muy “feminista”. La globalización con ayuda del internet nos permite conocer otras culturas, tradiciones y comportamientos, pero aún mejor nos dan la oportunidad de analizar, recapacitar y en su caso cambiar de comportamiento como sociedad hacia la equidad, hacia la igualdad.
El caso de An San no es aislado, no es un caso “escondido”, es un caso frecuente y público que nos invita a formar, educar en condiciones de igualdad y equidad a las siguientes generaciones para que ellas puedan disfrutar con mayor plenitud de estos valores, que deberían de ser universales.
Tokio 2020 ha sido la olimpiada en la cual participan más mujeres que hombres, sin embargo, esta justa deportiva desde sus inicios de manera contradictoria ha estado plagada de sexismo, basta recordar que fue hasta 2012 en Barcelona cuando en todas las delegaciones había participantes deportistas de ambos sexos. Pero también ha dado la oportunidad a México de poner el ejemplo, pues la mexicana Eugenia Escudero, esgrimista mexicana, en Los Angeles 1932, fue la primera mujer en la historia olímpica en ser escogida como abanderada, y en México 68 la atleta mexicana Enriqueta Basilio fue la primera encargada de encender el pebetero olímpico.
Para concluir dejaré una pregunta: ¿qué opina de la acción de seleccionadas mexicanas que participaron en la disciplina de softbol, quienes depositaron en la basura sus uniformes?, los cuales, por cierto, no contaban con la insignia nacional.
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