Apoyar desde una posición de poder consultas populares como la del 1 de agosto, para investigar y castigar actos de corrupción, violaciones a los derechos humanos y otros abusos del pasado, equivale a echarse la soga al cuello. En México la política consiste en improvisar fortunas sin importar los medios ni pagar por los crímenes cometidos. Esa es una de las razones por las cuales la mayoría de las autoridades no se hicieron eco del referéndum promovido por el presidente Andrés Manuel López Obrador e incluso lo boicotearon. En ese afán, el Instituto Nacional Electoral se esmeró en cumplir su parte para cubrirse de gloria.
La consulta y el resultado dividieron. No a la sociedad, mucha de la cual ignoraba su realización o supo tarde. ¿Quién no puede estar de acuerdo en castigar el saqueo a las arcas públicas, los asesinatos, las desapariciones forzadas y en combatir la impunidad? Los partidos de oposición (¿existen?) y los grupos de presión se declaran autores del “fracaso” y, por tanto, ganadores. Para el presidente López Obrador, la participación fue un triunfo ciudadano, así haya sido apenas del 7 por ciento. Morena, por su parte, da patadas de ahogado para acreditar el plebiscito. La controversia la zanja la “Ley Campoamor”: “Y es que en el mundo traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal con que se mira”.
¿Los 6.6 millones de votos por el “Sí” son pocos? Con respecto a los 37.5 millones necesarios para hacer el mandato de la consulta obligatorio, sin duda. Pero frente a los captados por partidos nacionales (PAN, PRI) que a pesar de su estructura y de los miles de millones de pesos de financiamiento público a duras penas rozan los nueve millones, la brecha se acorta. Comparada con la de otras “fuerzas”, la votación para enjuiciar a los expresidentes Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto, vale un mundo. Todo depende del color del cristal con que se mira, recuerda Ramón de Campoamor (1817-1901), a quien Esquivel plasmó en el lienzo Los poetas contemporáneos.
Dos gobernadores de la extinta Alianza Federalista (AF) descalificaron el ejercicio por mero oportunismo, y uno (José Rosas Aispuro) lo apoyó con su voto, como en Coahuila lo hizo el obispo emérito de Saltillo, Raúl Vera López. El Mandatario duranguense, cuyo estado forma parte del Triángulo Dorado, también respalda la militarización de la Guardia Nacional. La AF recibió la puntilla en las elecciones de junio en las cuales ganó Morena 11 estados, entre ellos dos del bloque (Colima y Michoacán). El problema del sindicato fue el exceso de presidenciables.
Genaro Lozano aborda en su columna -Postconsulta- el tema: “La primera consulta popular organizada por el INE en la historia de México fue secuestrada por las narrativas centradas en torno a López Obrador y a su Gobierno. Los primeros análisis apuntan que ‘la 4T quedó humillada’”, pero que irónicamente el fracaso en la participación ciudadana es una buena noticia porque revela que ‘AMLO está desgastado’, ‘que ya no convence’, que ‘no hay nada peor que un populista que perdió la popularidad’ . El círculo rojo, las redes sociales, todos los partidos siguen viendo la consulta como un referéndum de la aprobación al Presidente. Es una tragedia para las víctimas de los crímenes del pasado y del presente” (Reforma, 03-08-21).
El analista y académico concluye: “la consulta no fracasó porque ahora el Gobierno tendrá que responder a las 6.51 millones de personas que votamos por el ‘Sí’ que formuló la Suprema Corte”. Frente al coro contrario al referéndum, la voz de Lozano destaca por desapasionada, sensata y por ver más allá de sus narices.
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