Quedamos estáticos, helados de la emoción y el ambiente ante su majestad Hubbard, el gigante de hielo. Lupita y yo guardamos respetuoso silencio ante lo impresionante del espectáculo, que nos remonta a miles de años o quizá millones de la glaciación, el periodo más frío de la Tierra con extensos casquetes en Norteamérica y Euroasia.
Durante 470 mil ininterrumpidos años, el más reciente glaciar cubrió la cuarta parte de la Tierra con grandes planchones de frialdad.
Ahí convergen siglos sobre siglos de la era terciaria (las tres grandes divisiones de la Tierra). Hubbard es una límpida montaña de 340 metros de espesor, con acantilados hasta de 100 metros, que nos da “la más cálida” (fría) y emotiva bienvenida.
Si se me permitiera añadir un quinto elemento a los ya establecidos: agua, aire, tierra, fuego, agregaría frío (o hielo).
Nos encontramos en un crucero en el Pacífico frente a las costas de Alaska, en el mero corazón del Círculo Polar Ártico, a bordo del trasatlántico Radians Of The Seas (algo así como “el vapor de los mares” o “el barrio de los mares”), de la compañía inglesa Royal Caribbean International, una enorme mole de hierro, madera y calderas que resguardan y hacen funcionar a este impresionante hotel de cinco estrellas sobre el mar.
Cuenta con 11 pisos con impresionantes instalaciones, que van desde funcionales cabinas o habitaciones, hasta restaurantes, albercas, discotecas, casino traga perras (monedas), cine, canchas de tenis y golf, pistas para ciclismo y atletismo y montaña artificial para escalar. Desde luego tiendas de ropa, perfumes y souvenires, y un moderno departamento de fotografías y fotógrafos para plasmar indefinidas imágenes de vivencias del viaje. ¡No tienes que preocuparte de nada! Solo llevar la cartera en buenas condiciones, diría mi suegro don Magdaleno Saucedo Santillán.
Es sin duda un gran aparato de diversión y espectáculos debidamente cuidados, con una impactante cena de gala cada noche. Los peces y los mariscos son los reyes de los platillos, principalmente el salmón y una cena y baile de gala de bienvenida con la presencia del capitán del barco, que es uno de los principales atractivos; un “mocetón” marino de cara de niño de hablar pausado y bromista, que a petición mía bailó con Lupita (por ahí anda la foto).
Fue un maravilloso viaje a bordo del enorme barco, con casi un millar de empleados para atender a 3 mil 500 viajeros.
Es un gran hotel navegando sobre las aguas del Pacífico, en el llamado paso interior, que te invita a la meditación y al amor. ¿Cuántos niños habrán sido procreados en el barco?
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