Vida
Por
Redacción
Publicado el domingo, 15 de agosto del 2021 a las 11:45
Saltillo, Coah.- Patricia Elena Martínez de Villarreal es una mujer comprometida desde niña con el servicio a los que más lo necesitan. Su labor altruista recibió un justo reconocimiento el pasado 25 de julio, cuando recibió la Presea Saltillo en el marco del 444 aniversario de la ciudad.
“La verdad fue una sorpresa y a la vez un compromiso muy grande, porque yo siento que esta presea hay muchas personas que la merecen mucho más que yo”, comenta Paty, quien relata que esta noticia no la esperaba porque estaba inmersa en asuntos médicos relacionados con el cáncer que vive desde hace unos años. Así que agrega que también sintió “entre sorpresa y un poquito de miedo”.
Sin embargo, se dio cuenta que la presea tiene mucho significado no sólo para ella y su familia, sino para todas las personas que han trabajado juntas en los apostolados en los que participa y en muchos otros. “En la ayuda a la comunidad de Saltillo que tanto nos ha dado, ya que al servir a los demás y poner un granito de arena, es más lo que recibes que lo que das”, agrega.
Desde niña, Paty vio en su familia, encabezada por sus padres, León y Elvira Martínez, un ejemplo de ayuda y generosidad hacia los que más lo necesitaban. A los 14 años ingresa a la Escuela Normal del Estado, donde conoce una realidad adversa o muy diferente a la que ella vivía.
“Me di cuenta que había carencias y necesidades en los niños, en los jóvenes, y cambió mi corazón. Me encanta recordar sus caritas, que son felices con muy poquito, que no exigen, y eso abrió mi corazón hacia la ayuda a los demás”, recuerda.
Paty vivía con su familia en el barrio de Obregón y San Lorenzo, donde está la iglesia de San José, así que desde joven ayudaba al sacerdote de la comunidad. Luego, al casarse con Humberto Villarreal Escandón, originario de Piedras Negras, vivieron durante 5 años en aquella ciudad.
Posteriormente, regresa a Saltillo para continuar y hacer crecer su negocio, Paty Joyas, de gran tradición en la ciudad y que le ha dado grandes satisfacciones a lo largo de muchos años.
“Mi marido me apoya, me ayuda, siempre colabora conmigo, y desde hace unos 20 años asistimos a la iglesia Santiago Apóstol, de Los Valdez. El padre salesiano Giussepe Coró nos invita a participar en juntar becas para que muchachos de escasos recursos y en riesgo social realizaran su preparatoria técnica”, cuenta.
Fue así como un grupo de matrimonios, que también asistían a misa en esa misma iglesia, comenzaron muy rústicamente la Fundación de Oportunidades Educativas (FOE), y en la que Paty y su esposo Humberto trabajaron ininterrumpidamente durante 10 años.
“Dejamos de participar hace 8 años, también por motivos de salud, pero sigue funcionando maravillosamente con un grupo de personas muy comprometidas”, comenta Paty.
Asimismo, invitados por Luis y Conchita Arizpe, el matrimonio comienza a trabajar en el Comité del Diezmo Diocesano, donde el objetivo es concientizar a los ciudadanos sobre la importancia del diezmo en el sostenimiento de las iglesias.
“También es un gusto trabajar en eso”, comenta Paty, “porque en realidad conocemos las iglesias más grandes, más bonitas, donde no ves tantas carencias, pero hay muchas iglesias en muchas colonias, en ejidos, con muchas necesidades”.
De igual modo, la empresaria ha trabajado en diferentes necesidades de la Diócesis con el padre Héctor Jorge García, en Cáritas de Saltillo y actualmente en el Comité de Amigos de Santiago Apóstol, en Los Valdez, donde tienen el proyecto de contar con un salón anexo, para dar formación, educación y valores a niños, jóvenes y adultos, sin restricción religiosa. “Estamos abiertos a ayudar a la comunidad y trabajando en ese proyecto, y en un futuro, en tener una iglesia más grande, ya tenemos el terreno”, agrega.
Sobre este suceso que impactó a nivel global, Paty comenta que ha sido algo muy difícil en todos los sentidos, tanto a nivel económico como a nivel emocional, pues incluso en noviembre pasado partió su mamá, doña Elvira Martínez, víctima de Covid-19.
“Para mí es muy importante mencionar que a las iglesias les afectó mucho, pero también a toda la sociedad. Lo más grandioso de esto es que los gobiernos estatal y municipal, en conjunto con la sociedad civil, hicieron una mancuerna donde ayudaron a muchísima gente para que se pudiera atender en el Hospital General y en el CRIT. La verdad es que agarraron el toro por los cuernos, y dentro de toda esa crisis siempre sale algo bueno. Sale la unión y sale la generosidad, y nos dimos cuenta que no estamos solos, que Dios está con nosotros, pero también gracias a este Gobierno del estado y del municipio, que se propusieron salir adelante con firmeza, con voluntad y con muchas ganas de ayudar a nuestra gente, y eso es de reconocerse”, reitera.
Con su negocio, Paty Joyas, la empresaria ha demostrado la gran pasión que siempre ha sentido por las ventas. “Empecé desde los 15 años cuando mi mamá comenzó con el negocio de los collares de perlas. Yo empecé a vender en la escuela, a las maestras y a mis compañeras, entonces toda mi vida he vendido”, relata.
Pero no solo contaba con clientes en Saltillo, pues al ser parte de la Escaramuza Internacional Charra, hizo grandes amigos en Torreón, Monclova, Piedras Negras, Múzquiz, Sabinas, por mencionar algunos, lugares donde también tenía clientas.
“Mi vida ha sido muchos años de la venta de joyería, y la verdad es que me encanta. De chiquita vendía duraznos, chabacanos, lo que había en el huerto familiar. Siempre me ha encantado la venta”, afirma Paty.
Y al cuestionarla cómo es que ha logrado combinar esta actividad con su labor altruista, comenta: “La verdad es que gran parte de mi corazón está en la labor social, yo te podría decir que, si pudiera, me dedicaría todo el tiempo a eso, pero lo combino muy bien porque soy una persona muy organizada para hacer mis cosas, entonces pues me doy mi tiempo. Además, tengo todo el apoyo de mi marido, él es parte de esto, está conmigo en todo. En lo que me puede ayudar siempre está”.
Siempre hay alguien a quien se le dedican preseas como la que recibió Paty, y ella es muy clara al respecto. “El que está a mi lado, mi soporte, mi apoyo, mi empuje, es mi esposo Humberto que siempre está conmigo, y también se la dedico a mis hijos que son el motor de mi vida, y a mi nieto Betito. Quiero agradecer a mi familia, a mis hermanos, quiero dar gracias por la familia que Dios me dio, que son la familia Martínez, mis hermanos, y los Villarreal, que también son mis hermanos. Soy una persona muy bendecida por Dios y tengo mucho compromiso con Saltillo porque me ha dado todo, me ha dado trabajo, me ha dado de comer, me ha permitido tener épocas duras y situaciones difíciles, pero gracias a Saltillo hemos podido salir adelante, entonces hay que retribuirle un poco o un mucho de lo que nos ha dado. Estoy muy orgullosa de ser de Saltillo y muy comprometida.
El apoyo que Paty ha recibido de su esposo, Humberto Villarreal Escandón, y de sus hijos: Humberto y Olga, Paty y Ricardo, ha sido incondicional y, como ella misma lo describe, maravilloso. Y ahora su vida también la alegra la presencia de su nieto Betito.
Paty recuerda cómo sus hijos la han seguido en su labor de servicio. “Desde niños han estado conmigo, me han acompañado en todo lo que se hacía: si era ir a botear, si era la función de cine, si era a ir a limpiar un terreno, si era la muestra gastronómica, si era el Festival de la Paella… siempre, siempre han traído puesta la camiseta. Ellos no solo han visto, han estado aquí junto conmigo trabajando, desde muy temprano hasta en la noche. Para ellos, de chiquitos, sí era una obligación hacerlo, pero lo hicieron con muchísimo gusto, y creo que se les quedó muy grabado. Hemos hecho un trabajo en equipo. Hoy en día se sienten muy orgullosos y muy agradecidos de haber tenido la oportunidad de aprender eso, y claro que lo deberían seguir haciendo”, afirma.
Hace 11 años, Paty fue diagnosticada con un cáncer de ovario que se hizo crónico. En estos años, ha tenido cuatro recurrencias y cuatro fuertes tratamientos. Y ella revela lo que aprendido de esta difícil situación.
“Lo primero que aprendí es que yo no soy dueña de mi cuerpo, ni soy la que decide qué se hace en Patricia. Es Dios el que decide por mí. Estoy totalmente puesta en manos de Dios y de la Santísima Virgen María. Eso ha sido el motor, la fuerza, el acompañamiento que me ayuda, y está mi marido, porque los dos estamos juntos en esto. Eso es lo que me ayuda a poder con estos duros tratamientos y, a la vez, me siento más comprometida por ayudar a los demás”.
Paty siempre está dispuesta a apoyar a las personas, no solo en las asociaciones a las que pertenece, sino siempre que se presente la oportunidad de hacer algo por los demás. “En el caso del cáncer que me ha tocado vivir, hay etapas muy duras, con dolor físico, y yo lo ofrezco a Dios por las personas que no tienen manera de atenderse. Esto es una lucha más en mi vida. A luchar de la mano de Dios. Soy muy, muy afortunada”.
“Al servir a los demás y poner un granito de arena, es más lo que recibes que lo que das”.
Este es solo un extracto del mensaje que brindó Paty Martínez al recibir la Presea Saltillo 2021:
“Saltillo es mi casa y el lugar que me vio crecer. Tierra bendita de hombres y mujeres generosos que con trabajo han conquistado el desierto y lo convirtieron en un oasis que ahora le da al mundo los mejores autos, vinos y productos agrícolas. Tierra de gente trabajadora, preparada que además saben ser solidarios y empáticos con las necesidades de su entorno.
“Estos últimos años, los saltillenses hemos podido experimentar en primera persona lo que significa tener seguridad, más y mejor infraestructura, una ciudad próspera y limpia de la que nos sentirnos orgullosos. Todo esto se ha logrado en un entorno adverso, gracias al arduo trabajo del gobierno y sociedad.
“Organizaciones como en las que he podido ayudar acompañan este esfuerzo, promoviendo valores, educación, desarrollo comunitario, bienestar social y emocional para los saltillenses
“Ayudar y dar al prójimo es para mí una manera de encontrar plenitud, esa plenitud que podemos alcanzar en todo momento y hasta en las cosas más sencillas.
“Hoy, lo único que puedo decir es ¡GRACIAS! Gracias a mis papás que, desde niña, me enseñaron con su ejemplo la generosidad al prójimo. A Humberto mi marido, piedra angular de mi casa y soporte incondicional. A mis hijos que han sido el motor que me mueve cada día. A mis hermanos, los Martínez y los Villarreal por siempre estar en las buenas y en las no tan buenas.
“A tantos sacerdotes, asociaciones, amigos y familias enteras, que hoy reciben este premio conmigo, ya que sin duda esto es un trabajo de equipo, muchas ¡Gracias!
“Por último, pero no menos importante, gracias a Dios por darme la oportunidad de trabajar con alegría, con amor en FOE, en la Casa del Sacerdote, Diócesis de Saltillo, Diezmo y rectoría Santiago Apóstol Los Valdez. Y así retribuir un poco de lo mucho que he recibido.
“Termino con una frase de la madre Teresa que dice: ‘No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor’.
“Gracias comunidad, gracias familia, gracias amigos y gracias al Gobierno municipal de Saltillo.
“Qué orgullo ser de aquí”.
Ana Sakanassi
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