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El piercing sexual

Por Elia Martínez Rodarte

Hace 5 años

Hace algunos años en La Habana, Cuba, un exreo me contó que una práctica común en su confinamiento, era la de poner guisantes o frijoles o algún grano, debajo de la piel del pene.

Hacían una pequeña incisión y luego introducían el frijol o guisante, y cosían. En otros lares y situaciones los hombres se ponen perlas, pero eso es cuestión por supuesto, de qué tan pudiente sea la persona como para poder pagar guisantes o perlas.

Mucho reos lo hicieron, y lo hacen por una creencia de que, ese guisante que les da una joroba en el tallo del falo, aplica un extra placer dentro del orificio por el que es introducido. Para cuando vieran a sus esposas y luego éstas los extrañasen mucho.

Ponerse un guisante no es garantía de éxito en el coito y ese pene puede causar desde dolor hasta placer y alternando, incluso ambas.

Cabe mencionar que es un procedimiento horroroso mediante el cual las personas no solo lesionan su cuerpo, sino que cuentan con enormes posibilidades de que esa herida se infecte, al ser una zona vulnerable. Puede ser una experiencia muy desagradable y no creo que sea cien por ciento efectiva en todos los casos.

Hace un par de días, me envió un correo una persona que se acababa de poner un piercing de arracada en la zona del falo cerca del glande.

La persona que me cuenta su caso, me comenta que había escuchado que los piercings en el pene incrementaban la sensación de toque, por así decirlo, dentro de las paredes vaginales.

Ello le entusiasmó a ponerse ese accesorio, el cual se pueden aplicar casi en cualquier sitio y no tan caro, por cierto, sin embargo, las zonas erógenas con tatuajes deben ser tratadas con un cuidado extremo por las infecciones muy desagradables que suelen suceder, si no se ha aplicado un piercing en un sitio con una higiene adecuada, o que es alérgico al material del arete o cualquier circunstancia que provoque este artículo invasor en la piel.

El piercing, como elemento de estimulación del pene y con el pene, es una opción muy común para las personas y la verdad es que caras vemos aretes en la genitalia no sabemos.

No solo las personas que tienen un estilo de vida BDSM, sino también personas random que se ven “normales”, acentúo comillas, que son quienes menos lo son. Además todos y todas tenemos derecho a una vida privada y a una expresión sexual personal y voluntaria. Así como se expresa también el pronombre de la persona como quiere ser llamada: claro que soy de las personas que llaman por elle a quien quiere ser nombrada así.

Pero volviendo al asunto piercing, me preocupó un poco más la situación cuando vi que el compañero de la perforación en su pene, tenía ya una visible infección, de la cual me di cuenta por la bastante explícita foto de su pene que envió, que la verdad, ya lucía con mucha inflamación y no quiero imaginar el dolor. Después de asegurarle que no necesitaba ninguna prueba más, tuve que turnarlo a un urólogo, para que pudiera tratar la infección, pero en particular para que el portador del accesorio también se asegurara que su pene no iba a quedar bien. El insistió en ello, pudo haber ido a emergencias o con un médico general.

Los piercings además también son objeto de fe: no a todas les gusta y puede ser incómodo para algunas, y quizás no en todas las posiciones sexuales sea efectivo, depende de dónde se ponga.

Les recomiendo un largo análisis sobre perforarse la genitalia.

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