Pocos temas polarizan tanto a la sociedad; realmente pocos temas tocan tantas fibras profundas y complejas del entramado social, pero además confrontan posiciones ideológicas, religiosas e incluso éticas y morales, como el aborto.
Cada vez que estalla, por cualquier razón, y el tema del aborto reclama la atención de la ciudadanía, amplios sectores, algunos muy beligerantes, se atrincheran y exacerban posiciones y retórica. Es como si se convocara una suerte de guerra civil.
En sus derechos fundamentales, y cito un par, el aborto sacude lo que concebimos, cada quien, como el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos y cuándo consideramos que surge la vida humana, ya sea desde el momento mismo de la concepción, o hasta el parto y que el producto sea viable.
Bueno, pues en una decisión histórica, la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que es inconstitucional el penalizar la interrupción del embarazo en sus etapas tempranas. Entonces, abortar no es un crimen.
Va una mera sugerencia: si usted rechaza el aborto y en contra de los criterios de la Suprema Corte considera que la interrupción del embarazo en sus etapas tempranas sí es un crimen, perfecto, no aborte, pero no cuestione ni condene a quien, por la razón que fuera, decide hacerlo.
Usted es responsable de su vida y sus decisiones, pero no puede imponer su visión del mundo a nadie más. Recuerde, la vida misma es mucho más grande y compleja que lo que usted alcanza a ver y la empatía, solidaridad y tolerancia, son valores sociales que nos ayudarán a todos a que este mundo sea un poco mejor.
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