Arte

Publicado el martes, 5 de octubre del 2021 a las 10:25
Ciudad de México.- En octubre del año pasado, Tabaquería Libros, sello independiente, participó en cinco encuentros editoriales virtuales a la vez, incluida una inédita edición de la Feria Internacional del Libro del Zócalo (FILZ), alejada del corazón de la Capital.
La alternativa que representó el terreno digital para paliar las dificultades de un mundo asolado y distanciado por una pandemia, no obstante, no resultó provechosa para la subsistencia de un gremio que durante año y medio ha resentido fuertemente tal adversidad.
Y es que, en esas cinco ferias, Tabaquería tan sólo consiguió vender cuatro libros.
“En todo este tiempo de pandemia que se realizaron muchas ferias virtuales, nos dimos cuenta que realmente no sirven para nada. Es decir, en términos específicos de venta, no valen la pena; es muy poco lo que se puede vender”, comparte en entrevista Pat Sánchez, editora del sello y miembro fundador de la Liga de Editoriales Independientes (LEI).
“Todos los formatos virtuales funcionaron muy bien para los lectores, porque sí hubo un acercamiento a las mesas, a las charlas, a las presentaciones, pero ya en la parte administrativa, la verdad es que no funcionó para que los libros se vendieran”, reitera Antonio Marts, de Paraíso Perdido, también parte de la LEI.
De ahí que la posibilidad de regresar al Zócalo y reencontrarse de frente con los lectores en la edición 21 de la FILZ, a realizarse del 8 al 17 de octubre, detone el entusiasmo del sector independiente.
“No es que pensemos que vamos a vender en el Zócalo todo lo que no hemos podido, pero ya es año y medio sin tener ese acercamiento. Entonces, sí, la verdad es que nos ilusiona mucho estar otra vez en una feria (presencial)”, señala, por su parte, Lilia Barajas, de Nitro Press.
Y no sólo cualquier encuentro, continúa, sino uno de los preferidos del gremio por su espíritu democrático al reunir tanto a los grandes corporativos como a sellos pequeños, con la posibilidad de que en sus pasillos al aire libre transite gente proveniente de todos los estratos sociales.
“Es el lugar donde los libros encuentran sus lectores. O sea, no necesariamente los lectores van a buscar los libros, sino que se encuentran porque fuiste al Centro a comprar, no sé, el vestido de 15 años, y de repente te cansaste y ves que está la feria; te puedes sentar, te quedas a una presentación y ya te interesó el libro.
“Gente que jamás en su vida se había acercado a un libro, de repente le llama la atención y se da cuenta que le gusta leer. Ahí pueden llegar a descubrir eso”, celebra Barajas. “Si asistes regularmente, al siguiente año van y te buscan. Entonces, sí creas lectores”.
UN ENCUENTRO PRECIPITADO
A escasos cuatro días de que arranque la FILZ, el programa de actividades, habitualmente compuesto por homenajes, premios, conferencias, mesas de diálogo, presentaciones de libros, lecturas, conciertos, talleres y tertulias, es un completo misterio.
Algo imposible de saber, por ejemplo, a través del inoperante sitio en línea del encuentro ferial, donde sólo se puede leer la leyenda “En construcción“, junto a un contador que enumera los días restantes no precisamente para la feria, pues la cuenta marcaba este lunes 35 días.
Ya hace dos años, de cara a la primera edición bajo la actual Administración, editores lamentaron la desorganización de un equipo decidido a hacer las cosas a su manera, desestimando la experiencia de quienes orquestaron encuentros multitudinarios con invitados de la talla del escritor keniano Ngugi wa Thiong’o o el poeta coreano Ko Un, constantes candidatos al Nobel de Literatura.
“A lo mejor, más que desorganizada, está precipitada”, considera sobre la feria de este año Marts, pidiendo analizar las circunstancias actuales y su influencia en la problemática decisión de llevar a cabo la feria presencialmente o no.
“No sabíamos qué esperar respecto a la posibilidad de que se hiciera o que no se hiciera. Estuvimos tratando de averiguar en los meses previos qué podíamos esperar, y realmente fue imposible saberlo porque nadie tenía mucha precisión al respecto”, dice, por su cuenta, Sánchez.
Fue hasta mediados de septiembre que finalmente se lanzó la convocatoria para solicitar un espacio, y dos semanas después los sellos tuvieron respuesta de la misma, a sólo unos días del inicio de la feria.
Aunado a la incertidumbre derivada de la pandemia, un probable cambio de timón en la organización del evento parece haber intervenido en los arreglos.
“Lo que sabemos es que la gente con la que tratamos en el 2019 ya no es la misma con la que estamos tratando ahorita”, refiere Barajas.
La Secretaría de Cultura local, entidad organizadora de la feria junto con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), no ha ofrecido hasta este momento detalle alguno sobre la edición de este año.
Por su parte, la LEI ya tiene algo claro: una veintena de los sellos agremiados estarán agrupados en un mismo pasillo y ofrecerán alrededor de 30 actividades, adelanta Sánchez.
“Esta vez pedimos, otra vez, una carpa para hacer presentaciones, como lo habíamos hecho, pero nos dijeron que, por cuestión de la (sana) distancia, y de que va a haber menos (espacio), era complicado”, añade Barajas.
“En espacios de presentaciones, creo que son muchos menos que los que nos dieron en 2019″, prosigue. “Lo que más nos toca a nosotros como independientes es pelear más espacios de presentaciones, o un programa que dependa de nosotros”.
¿Y LOS APOYOS?
Como un incentivo para formar parte de esta edición de la FILZ, los organizadores ofrecieron a los sellos independientes un descuento del 50 por ciento por el precio del stand a ocupar en la Plaza de la Constitución.
“De por sí las editoriales independientes tenemos una cuota distinta al resto de la feria, sobre esa cuota todavía nos hicieron un 50 por ciento”, resalta Barajas.
“Todos lo solicitamos y a todos nos lo dieron. Es una facilidad bastante interesante”, añade Sánchez al respecto.
Sin embargo, no todos los editores del gremio perciben esto precisamente como un apoyo, sino como un gancho para que se cuente con los suficientes participantes para cumplir con el trámite de sacar adelante la feria, entre premura, secrecía, recursos limitados y desdén.
“Los aparatos del Gobierno local -que son los que yo conozco más- para fomentar la lectura son absolutamente trasnochados y poco provistos de ideas. Los esfuerzos que se hacen son más bien formales; es decir, con eso (de realizar la FILZ) se palomea que se hace un fomento a la lectura durante una semana, pero en realidad después ya no hay nada”, dice a REFORMA un editor que ha preferido permanecer en el anonimato.
“Supuestamente este año van a ser proclives a esa zona de la publicación, la independiente, pero ¡ah!, esto se debe a que no hay dinero”, acusa. “Entonces, otra vez, (se espera) que los independientes hagan todo; como si fuéramos Atlas que soportan todos los mundos que tiran, y lo haremos, pero después de eso no hay un apoyo real para nada”.
Y es que a lo largo de este año y medio de cancelaciones de eventos y cierres intermitentes, no ha habido programas ni estímulos para que los sellos independientes, muchos de los cuales redujeron sus capacidades y personal al mínimo, o simplemente quebraron, pudieran sortear de mejor manera la crisis.
“No, no, no, olvídate. De eso, nada, nada, nada; cero menos que cero”, remarca Sánchez, quien acaso recuerda una serie de microapoyos para pequeños comercios a los que pudieron acceder algunas librerías.
“No han existido. Creo que el hecho de que existan ahora muchos gremios o asociaciones de editoriales independientes es como decir: ‘Bueno, ¿cómo nos ayudamos entre nosotros?, porque para el Estado somos invisibles'”, complementa Barajas, quien lamenta que durante la actual Administración se han perdido varios apoyos gubernamentales, como programas de coediciones y coinversiones.
Condonación de impuestos, difusión a través de los distintos medios oficiales o colaboración para realizar impresiones, son algunas de las vías de apoyo a través de las cuales las autoridades locales o federales podrían favorecer al sector, sin ser necesariamente una inyección directa de recursos.
Para Marts, no obstante, la definición de editorial independiente consiste precisamente en no depender de asistencia alguna; “si nuestro proyecto dependiera de tener apoyos para poder publicar, me parecería muy triste”, sostiene.
“(Pero sí) creo que el Gobierno debería de apoyar, no específicamente a los editores sólo por ser editores, sino más bien a toda la cultura, porque, finalmente en un País donde los índices de violencia son tan altos, está comprobadísimo que con buenos programas donde la cultura esté metida esto disminuye”, estima.
Con una percepción más optimista, Sánchez celebra la intención de llevar a cabo la FILZ, y la atención y facilidades que durante ésta, al menos, se les brinda a los editores independientes.
“Es una industria bastante castigada, y vemos, específicamente en el ámbito de lo independiente, que mucho antes de la pandemia ya nos iba mal. Entonces, no es algo a lo que no estemos acostumbrados, pero esto fue la gota que colmó el vaso, el tiro de gracia para muchos proyectos; muchos nos hemos tenido que achicar al mínimo para poder subsistir.
“Son momentos en los que realmente, si no trabajamos juntos, en grupo, si no hacemos comunidad, nos puede ir peor de lo que ya nos va”, concluye la editora.
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