Era noviembre de 2001. Vicente Fox cumplía casi un año como Presidente. La contraloría federal denunció que Pemex había usado 640 millones de pesos para financiar –en el 2000– la campaña del priista Francisco Labastida. El dinero salió de Pemex como un préstamo al sindicato. Carlos Romero Deschamps estaba entre los investigados. Si quería salir airosa, la familia Romero debía asegurarse de que su dinero estuviera fuera del alcance de las investigaciones. Para lograrlo, utilizaron una discreta compañía en el Caribe.
La maniobra resultó. Durante 20 años, la compañía –y los millones en propiedades que había en ella– pasaron inadvertidos. El 1 de noviembre de 2001, en las Islas Vírgenes Británicas se expidieron 50 mil acciones al portador de una empresa llamada Steller Overseas. Que las acciones fueran “al portador” permitía que no quedaran registradas con un nombre. El dueño era quien las portara. El primer documento que muestra a quien estaba detrás de las acciones es de 2009. Ese beneficiario era Alejandro Romero Durán, uno de los hijos del sindicalista Romero Deschamps.
Durante los años siguientes, las autoridades mexicanas investigaron a Romero Deschamps, como parte del caso de Labastida, que se conoció como Pemexgate, pero nunca hallaron la empresa en el Caribe ni las acciones.
En 2009, cuando las aguas eran menos turbulentas, Alejandro Romero contrató al despacho Trident Trust, especializado en sociedades offshore, para que manejara la burocracia de papel de Steller Overseas. En un formulario, Romero dijo que era comerciante y que la empresa poseía ocho casas, un penthouse y un apartamento en la Ciudad de México, Hidalgo, Quintana Roo y Guanajuato. El capital, dijo, venía de las ganancias por la venta de casas, autos y joyas que compró con una herencia de su abuelo paterno. Pero el abuelo no era millonario.
En la década de 1940, cuando nació Carlos Romero Deschamps, la familia vivía en una colonia de calles polvorientas y casas de madera en la ribera del río Pánuco, en Tampico. “Era una familia pobre”, dijo a El País, Octaviano Hernández, quien los conoció en aquellos años. En el transcurso de su vida, el abuelo Romero no se había transformado en un hombre acaudalado.
En las oficinas de Trident Trust no parecen haberse dado cuenta de que la historia de la herencia no cuadraba, ni de que el padre de Alejandro era un polémico sindicalista, metido en escándalos. En 2011, Trident Trust buscó a Alejandro en el servicio de búsqueda de personas World Check.
En diciembre de 2012, cuando el Partido Revolucionario Institucional volvió al Gobierno, Alejandro cambió las acciones de Steller Overseas de “al portador” a su nombre. Al parecer, la secrecía ya podía relajarse un poco.
En los seis años siguientes, dice una investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera, Alejandro recibió 5 millones de pesos del sindicato de Pemex, sin ser afiliado ni trabajador petrolero, administró una empresa por la que pasaron al menos 75 millones de pesos, recibió contratos del Gobierno federal, compró casas y apartamentos, no los declaró al fisco, y usó sus empresas para mover millones de pesos que probablemente eran del sindicato.
En mayo de 2019, la UIF denunció a Alejandro ante la Fiscalía federal, como cómplice de lavado de dinero de su padre. En la denuncia no se menciona la empresa en el Caribe, ni ocho de las 10 propiedades que estaban administradas bajo esta compañía. Hoy sabemos la historia que he contado aquí gracias a que hallamos los documentos para armar este rompecabezas entre millones de archivos de la investigación Pandora Papers, que trabajamos reporteros de El País, Proceso, Quinto Elemento Lab y Univision Investiga.
Hasta marzo de este año, dos años después de la denuncia por lavado en México, Steller Overseas seguía activa. No sabemos si está activa ahora o cuánto dinero está oculto hoy bajo esta sociedad. Tampoco sabemos cuánto de este insumo periodístico terminará en un caso judicial.
Cuando me han preguntado en estos días para qué sirve una investigación como Pandora Papers, pienso en este caso. Durante 20 años, Steller Overseas quedó fuera del radar. Nadie la vio, ni en el Gobierno ni en la prensa. Nadie encontró para qué la habían usado, hasta ahora.
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