Han sido contadas las ocasiones en que los países del orbe llegan a acuerdos fehacientes, o si acaso lo hacen, en la práctica no respetan lo que firman; un ejemplo es el caso de las metas o cifras a que se han comprometido en la guerra contra el cambio climático, para bajar las emisiones de CO2. Infortunadamente en la práctica eso no ha ocurrido, particularmente con las economías grandes y/o desarrolladas, que han sido las más reticentes.
Donde sí hubo grandes coincidencias, o mejor dicho, casi consensos, fue en la aceptación de unificar impuestos: pretenden cobrar 15% de impuesto a las empresas transnacionales que comercialicen bienes y servicios en cada país, con las contadas excepciones de las pequeñas islas que se han convertido en paraísos fiscales, y otros países cuya aportación a la economía mundial ha sido marginal, que se han negado a participar en este pacto supranacional; pero más de 130 economías se han comprometido a llevar a cabo la medida fiscal.
En este escrito trataremos de comentar en qué consistió esta propuesta de carácter impositivo, que tanto interés causó en el mundo de las finanzas públicas mundiales. La idea surgía hace algunos meses en el seno de la organización de los siete países más industrializados del mundo (G7). Sus líderes fueron motivados por las declaraciones del Presidente de Estados Unidos acerca de la inequidad impositiva que presentaba su país, en donde el cobro de los impuestos estaba muy lejos de ser progresivo, pues las grandes corporaciones no contribuían al fisco de acuerdo con sus ingresos, como lo hace cualquier trabajador asalariado.
Esa propuesta se difundió rápidamente en el resto de economías, de tal suerte que la OCDE la retomaba y lograba implementarla en aquellas economías que aportan cerca de 90% del PIB global. En la mira de todos los gobiernos están las empresas tecnológicas y las grandes farmacéuticas. Las primeras, que han aprovechado las creaciones e innovaciones digitales para multiplicar sus utilidades, y las segundas el aumento de la esperanza de vida de la población, que trajo consigo enfermedades desconocidas para la ciencia médica; aunque ambas han capitalizado con “creces” las epidemias y pandemias que han azotado a la humanidad en las últimas décadas.
En casi todos los países del mundo, incluyendo México, es en el domicilio fiscal que designa la empresa en donde se deben pagar sus impuestos, independientemente de que las plantas estén localizadas en otras ciudades o regiones. El gravamen de 15% se generará en donde las multinacionales tengan transacciones comerciales, no importando que la referencia fiscal esté ubicada en otro lugar. La medida tiene lógica económica, porque los mercados locales prácticamente enfrentan competencia monopolística conformada por pocas empresas, de entretenimiento, información, comunicación y de medicamentos, cuyas barreras han sido insuperables para que alguna empresa regional compita con ellas.
Las ganancias extraordinarias que obtienen por la competencia que enfrentan, amerita la intervención de los gobiernos, y una vez más, muestra que no es posible la autorregulación del mercado, se requieren órganos reguladores, lamentablemente la propuesta encontró eco en virtud que procedía de las economías más industrializadas del planeta, que lógicamente serán las más beneficiadas.
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