Arte

Publicado el sábado, 30 de octubre del 2021 a las 04:10
Ciudad de México.- Miguel Sabido tenía apenas 7 años cuando sus padres decidieron enviarlo a Guanajuato, a la Plaza del Ropero, con unas maestras famosas de apellido Jiménez para que “aprendiera maneras”.
“Decía mi abuela que la gente mejor educada de la República eran los guanajuatenses”, recuerda el dramaturgo y director teatral, con un café sobre la mesa, en una casona cercana a la Plaza de la Paz.
Y uno diría que su abuela tenía razón: elegante, con una camisa fresca, una sonrisa franca y una cordialidad absoluta, a Sabido se le mira pleno la mañana después de haber recibido la Presea Cervantina.
Afectuosamente reconocido como el “padre del entretenimiento educativo en México” y querido por muchas generaciones por sus esfuerzos por preservar el teatro ritual popular mexicano, el artista recibió este año el galardón con el que el Festival Internacional Cervantino (FIC) celebra una trayectoria.
Géneros como la pastorela, la epifanía, los carnavales y los toritos tienen una deuda impagable con el autor, quien ha dedicado su vida a evitar que se pierdan y a difundirlos. Otros, desde luego, lo recuerdan con cariño por sus telenovelas históricas como La Tormenta, La Constitución y Senda de Gloria.
Más allá de su tiempo con las maestras Jiménez en la infancia, Sabido (Ciudad de México, 1937) sitúa en Guanajuato, también, parte de su despertar escénico, cuando presenciaba con su familia los Entremeses cervantinos, a su vez origen de la Fiesta del Espíritu.
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Entonces Guanajuato era una ciudad fantasma realmente, en la Presa (de la Olla) había muchas casas vacías que la gente, durante la Guerra Cristera, había abandonado y veníamos especialmente para los entremeses también, siendo niños”, recuerda.
Ya en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, donde estudió Literatura Dramática, Sabido conoció a dos figuras señeras de la vida cultural guanajuatense: a la poeta Margarita Villaseñor, su contemporánea, amiga y colaboradora de toda la vida, y a Enrique Ruelas, su maestro e impulsor de los entremeses en la tradicional Plaza de San Roque.
Invitado por ambos, el director llegó a ir a Guanajuato unas cinco veces al año, desde donde pudo presenciar los entremeses en puntos privilegiados, como desde la azotea donde Ruelas dirigía los montajes, e incluso en un sitio más insólito.
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El papá de Blanca Malo -otra querida amiga suya-, el señor Malo, hijo del señor que decoró el Teatro Juárez, tocaba las campanas desde el campanario de San Roque, con una partitura musical; tenía su partitura y tocaba las campanas conforme le daba la entrada el maestro Ruelas desde abajo.
Otro recuerdo que lo une irremediablemente a la ciudad que lo honró en la edición 49 del FIC es La Celestina con el Grupo de Teatro de la Universidad de Guanajuato.
“Con Luz María Villalobos como Celestina, Margarita (Villaseñor) como Melibea, Josefina Echánove como Elicia: eran mis amigos que ya murieron, infortunadamente”, recuerda.
Esta producción obtuvo el Gran Premio de Honor en el Festival Internacional de Teatro de Manizales, que después Sabido puso en manos del rector de la universidad en una ceremonia en el Teatro Juárez.
En una vuelta completa, el actual rector de la universidad, Luis Felipe Guerrero, le tenía listo un presente al homenajeado en el evento de premiación llevado a cabo, precisamente, en el Teatro Juárez.
Hasta la fecha, su tesis de licenciatura, Tres Mil Años de Representaciones Sagradas Mexicanas”, es una referencia insoslayable sobre las manifestaciones escénicas que surgieron tras la Conquista.
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La gran parte de mi trabajo ha sido esa: el estudio, de dónde salieron, cómo nacieron esas ceremonias, de dónde salieron las adoraciones de Reyes, las pastorelas…, todas esas son representaciones ceremoniales realmente. Y esas las inventó México, ahí no copiamos nada”, apunta.
La primera de ellas, señala, ocurrió en la Navidad de 1527, apenas 6 años después de la caída de Tenochtitlan, cuando Fray Pedro de Gante representó el viaje de María y José a Belén, con 300 muchachos indígenas del Colegio de San José de los Naturales.
“Es fundamental, porque es el primer producto cultural mexicano que conocemos. Está hablando de temas europeos, como María y José, pero hecho por autores indígenas y en náhuatl directamente”, destaca.
En tiempos en los que se ha avivado la conversación sobre los pasados indígenas e hispánicos del país, a 500 años de la caída de Tenochtitlan, Sabido sostiene el que ha sido su credo durante toda su carrera.
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Tenemos que aprender cómo unir los dos Méxicos. Infortunadamente, la política de los últimos años ha sido dividir más todavía y dividir más y dividir más, y yo, personalmente, creo que debe de ser al contrario, completamente, hay que unir el México criollo con el México indígena obligatoriamente”, declara.
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