Al momento de escribir la presente colaboración, una serie de sentimientos me acompañan después de haber observado algunas escenas de la caravana migrante que viene avanzando por territorio nacional.
Una vez más, me doy cuenta de que no sólo el desorden prevalece en esa y otras caravanas anteriores, sino la agresividad, la grosería, la falta de respeto a las autoridades migratorias de un país que no es el suyo; pero lo peor, sí, lo peor, es la violencia hacia los cuerpos de seguridad de nuestro país.
Caravanas de miles de personas están siendo organizadas desde diversos puntos para que ingresen ilegalmente a nuestro territorio. ¿Quiénes son los organizadores? ¿Quiénes obtienen beneficios de una acción que no es legal?
¡Por supuesto que son las mafias que trafican con personas! Lo peor de esta situación, es que el gobierno de nuestro país lo está permitiendo.
Y lo está permitiendo desde el momento de “atarle las manos” a las autoridades en quienes recae la vigilancia y la seguridad de nuestro México. Un país generoso el nuestro, solidario, pero al que se está exponiendo demasiado, al permitir el acceso de miles de personas cuyas pretensiones son las de llegar a Estados Unidos.
Se ha desatado de un tiempo a la fecha una especie de fiebre por alcanzar el llamado sueño americano, que para tristeza de muchos se convierte en verdadera pesadilla. Sin embargo, en ese largo peregrinar van dejando atrás, familia, hogar, todo; porque lo poco o mucho que hayan tenido en bienes materiales lo han vendido para dárselo a vivales que los engañan y muy pocas veces, les cumplen.
¿Quién se atreve a llamar a cuentas a individuos que viven de dañar a otros? ¿acaso las autoridades y sobre todo, el gobierno de cualquier país no está enterado de la existencia de las mafias? ¡Por supuesto que sí lo sabe! Y lo sabe muy bien.
Si las bandas criminales actúan es porque se sienten protegidas. De lo contrario, otra situación tendríamos en nuestro querido México.
Un país donde se transitaba con tranquilidad y sin temores. Ese México que se fue abandonando para dar paso a mafias que se han ido adueñando del territorio con la complicidad de quienes deberían garantizar la seguridad a los ciudadanos.
Nuestro país sufrió un cambio drástico; cambio en la seguridad, que nos ha afectado a todos. Daño a negocios, empresas, a particulares. Nadie escapa a la zozobra de vivir con temores.
Mientras el ciudadano está angustiado, los malosos hacen de las suyas. ¡Qué mal! se han cambiado los papeles. Parecería que al que se porta bien o cumple con su deber le va mal y al que transgrede la ley, hay que otorgarle beneficios.
Así estamos gracias a la pésima interpretación de la ley y de los Derechos Humanos, que se “colaron” en nuestra Carta Magna para imponer un nuevo orden.
Nuestras Fuerzas de Seguridad ya no saben qué hacer ni cómo actuar. En lo personal, me da tristeza y a la vez molestia de ver la humillación que sufren los elementos de las distintas corporaciones, propiciada por individuos que no merecen ninguna consideración.
Desde niña aprendí a respetar a esas personas cuyo principal objetivo es salvaguardar el orden, la seguridad para mantener la paz en la Nación. Paz que tuvimos y gozamos en nuestro amado México gracias a las Fuerzas Armadas. Sin menospreciar por supuesto a las distintas corporaciones policiacas.
¿Cómo acabar con la delincuencia si un gobierno pacta con individuos que dañan a la sociedad y por ende al país? ¿Cómo exigir actuar a quienes por honor deben defender a la patria, si se les obliga a rendirse?
Es realmente vergonzoso y considero que no se debe tolerar más que las diferentes corporaciones encargadas del orden sean agredidas y
humilladas.
Lo sucedido recientemente en Chiapas, donde agredieron de una manera salvaje a elementos de la Guardia Nacional, no debe quedar sin castigo a los responsables. Pedradas, golpes, patadas, y el grito ¡Que los maten! De un individuo que deja claro que no es bienvenido en nuestro país y deberían deportarlos a todos ellos.
Vienen en caravana, en “bola” para desestabilizar. Ese es el propósito de quienes los traen. ¡Ya basta! de condolernos de individuos que vienen a crear problemas. Pongámonos del lado de quienes son agredidos en el cumplimiento de su deber y que tienen prohibido devolver la agresión.
¿Qué haría usted si alguien invade su propiedad por la fuerza? ¿Cree usted que es correcto que le falten el respeto a nuestras autoridades? ¿Es justo que los agredan como lo han hecho en repetidas ocasiones?
O permitimos que se ponga orden y desde la frontera sur se ponga un alto a la migración o ésta acabará por rebasarnos.
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