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En el mero orgullo del Presidente

Por Gerardo Aguado

Hace 4 años

Más de un año después de que regresara a México, tras haber aceptado voluntariamente la extradición, Emilio Lozoya pisó ayer el Reclusorio Norte. Después de tanto tiempo, ¿qué motivó a su casi inmediata detención? Yo creo que la soberbia de Lozoya. Primero, llegó tarde a una audiencia de la que se suponía ya no saldría e hizo esperar al juez que evaluaría sus posibilidades de darse a la fuga, por lo que desde ese momento ya podía adelantarse el desenlace. Previamente los ministerios públicos encargados del caso se habían reunido con personal de la UIF y coincidían en que debían modificar las medidas cautelares.

Santiago Nieto lo venía solicitando en esos encuentros desde meses atrás, pero se requería la petición formal de Alejandro Gertz Manero para darle validez judicial.

La cena en el Hunan dio pie a una estrategia conjunta para solicitar la prisión preventiva justificada. Se validó el temor: Lozoya tenía una amplia capacidad económica y una red de contactos que facilitaban su fuga. No, no fueron los sobornos de Odebrecht, tampoco la compra de Agro Nitrogenados; vamos, ni siquiera que no haya podido probar nada: lo que llevó a que encarcelaran a Lozoya fue provocar a la sociedad civil y de carambola al Presidente. Y es que después del escándalo mediático por haber asistido a uno de los restaurantes más caros y el malestar de la ciudadanía, al Presidente no le quedó más remedio que encarcelarlo. ¿Fue acordada esta medida? Puede ser, pero al final de cuentas alguna consecuencia tenía que haber.

En su defensa, Lozoya argumentó que podía reparar el daño con su casa de Las Lomas, que adquirió presuntamente con dinero de los sobornos de Odebrecht, con un valor cercano a 60 millones de pesos. La misma oferta había hecho el exfuncionario en julio ante la FGR. En aquella ocasión, la Fiscalía consideró la posibilidad de un acuerdo reparatorio con el exfuncionario, pero se enfrentó con la resistencia de Pemex y la UIF, consideradas en este proceso como víctimas.

Sin embargo, hoy Lozoya Austin amanece por primera vez en una celda del Reclusorio Norte, poniendo fin al contubernio perfecto de un Gobierno corrupto como el de la 4T con un personaje corrupto del Gobierno anterior. Y es que eran la mezcla perfecta, mezcla que solo pudo deshacerse gracias a la ciudadana que tuvo el valor de grabar a Lozoya, quien hasta ese momento parecía intocable, pues para nadie es un secreto cómo se acomodó con Andrés Manuel López Obrador, a cambio de ofrecer elementos para satisfacer la sed de venganza del inquilino de Palacio.

Como ocurre tantas veces con López Obrador, lo más importante no es ser, sino parecer. Lo más importante no es hacer, sino decir. Al final, ya exhibido, el Presidente pasó de la sutileza y buen trato con Lozoya, a la exigencia de que, ahora sí, se le cumpliera y lo encerraran. Gertz Manero igualmente no soportó que lo desnudaran de esa manera y evidenciaran su ineptitud. Esta historia con Lozoya demostró que para el Presidente y el fiscal una cosa es “negociar” con los corruptos y otra muy, pero muy, diferente, ser objeto de burla y cuestionamientos en las redes sociales. Dándole Lozoya al Presidente, en el meritito orgullo.

 

Gerardo Abraham Aguado Gómez es miembro de Acción Nacional desde 2008. Exdiputado local en la LXI Legislatura del Congreso del Estado de Coahuila.

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