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Coahuila

Un modesto homenaje

Por Sandra Rodríguez Wong

Hace 4 años

Transcurría 1993, recién iniciaba a hacerme cargo formalmente de una responsabilidad en el Servicio Público Federal.

Luis Antonio llegó a la oficina que ocupaba el Bufete Jurídico de Solidaridad, solicitando su ingreso con la finalidad de hacer servicio social. Llamó poderosamente mi atención que aquel joven estudiaba Derecho en una escuela privada y aún no le era exigible el servicio social. Mi primera pregunta fue ¿cuál era la razón para desear integrarse tan pronto

A los egresados de instituciones privadas se les requería entonces de las prácticas profesionales previas a egresar de la carrera. Pero la respuesta del aún estudiante no se hizo esperar, me contestó que su papá le había recomendado debía aprender desde el interior de las instituciones. No mencionó en ese momento quién era su padre.

Pasaron los días y Luis se integró al equipo del bufete. Días más tarde alguien me comentaría, que el padre del futuro abogado, era Higinio González Calderón. Gracias al joven serio, talentoso y responsable que ya era entonces Luis Antonio, tuve la oportunidad de conocer al profesor, y lo principal, lo conocí como un hombre que amaba a su familia y a sus hijos, que les enseñaba a trabajar y esforzarse. Especialmente, les enseñaba a servir a su comunidad con respeto, con devoción y con humildad.

El “compañero”, como me permitió llamarle en tono de camaradería –además de profe–, fue porque allá por el año 2001 cursábamos un diplomado de Management, era un compañero de clase, como la mayoría de los alumnos destacados, carismático, bromista, participativo y aplicado. Era un líder natural y maestro, hasta cuando era alumno.

El profe Higinio fue un rector que conoció la enseñanza de Coahuila y que aportó a la educación de su estado con devoción, fundó una sólida Universidad, y así como a muchos colegas, me alentó en su momento a ser maestra y nuevamente alumna de la universidad. Gracias al profesor Higinio, profesionistas de distintas disciplinas han tenido la oportunidad estar frente a grupo, los compromisos de trabajo no me permitieron iniciar en UANE, pero no he de olvidar que fue quien influyó para despertar no solo en mí ese ánimo de compartir y sembrar la semilla del conocimiento, que al paso de los años se va viendo germinar, además de transmitir lo que uno aprende en el transitar de la profesión y el amor a la carrera.

Higinio González trabajaba, planeaba y construía constantemente. Las muy distintas funciones que le tocó asumir, las ejerció con visión y responsabilidad. Su paso por la Secretaría de Educación, el Gobierno federal, el Congreso y diversas asociaciones y agrupaciones de servicio, dejan una larga lista de aportaciones en lo político, en lo público y en lo social o comunitario.

Como rector de la Universidad generó grandes proyectos, escuchaba a maestros y alumnos. Era hombre tenaz y de notables ideas, edificó no solamente los grandes muros que hoy albergan la Universidad, cimentó el futuro de muchas generaciones que hoy agradecen su empeño y dedicación.

Cuando platiqué con él sobre la instalación de un doctorado en Derecho Constitucional, aquello parecía un sueño, no quería –al igual que muchos de mis compañeros abogados– ingresar a un doctorado que no fuera en Derecho. Preocupado y ocupado por la calidad de los maestros, inició el postgrado con grandes catedráticos extranjeros y de las mejores universidades del país y del mundo.

En alguna ocasión apelé para que se diera a conocer la talla de profesores que teníamos en el doctorado y solo contestó: “¡Al tiempo! eso se sabe y se sabe quién lo hace con responsabilidad”.

Hoy resuenan en mi memoria esas palabras ¡Al tiempo! Querido maestro, el tiempo es quien te ha dado la razón y quien hace que se reconozca tu legado.

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