Noviembre es el mes de la Revolución Mexicana, y al escribir sobre ella, resulta ineludible homenajear la figura de don Francisco I. Madero. Mucho se ha escrito sobre su persona, sus acciones, su influencia, y su catalizadora intervención en la vida política del México de la primera década del siglo 20. Sin embargo, poco a casi nada se ha consignado en referencia al libro que escribió, y que de golpe lo insertó en las esferas políticas de la Nación, específicamente en las concernientes a la oposición al régimen imperante del general y presidente Porfirio Díaz. El libro se llama La Sucesión Presidencial en 1910, y aunque se menciona reiterativamente que la difusión de este libro fue lo que llevó a Madero a obtener un liderazgo en las filas de los disidentes al sistema establecido, no se explica de ninguna manera ni siquiera de qué se trata el libro, suponiendo que solo por su titulo se pudiera adivinar su contenido. Así que a falta de esta infaltable información para poder comprender a don Francisco I. Madero en cuerpo y alma, me di a la tarea de buscar su libro y leerlo, lo que además por supuesto de haberme ilustrado sobre su persona y pensamiento, me ha sorprendido en muchos sentidos, y determinantemente me ha inducido a formalizar hacia don Francisco una admiración todavía mucho mayor que la que ya le profesaba.
En primera instancia pensé en plasmar en este momento en este espacio, alguna definición o analogía propia sobre lo que el escribir significa para mí, pero decidí indagar en los anales de la historia sobre la posible existencia de alguna frase célebre, que en pocas palabras resumiera lo que quiero expresar sobre el arte de la escritura vinculado a los textos de Madero, y por fortuna y deleite, encontré no solo una, sino varias que cumplen con el cometido deseado, y que a continuación comparto:
“La escritura es la pintura de la voz”. Voltaire.
“Escribir es la manera más profunda de leer la vida”. Francisco Umbral.
“Los escritores somos seres heridos. Por eso creamos otra realidad”. Paul Auster.
“Para mí, escribir no es una cuestión de libre albedrío, es un acto de supervivencia”. Paul Auster.
“La literatura es una expedición a la verdad”. Franz Kafka.
De entre todas las magníficas frases que encontré, estas son algunas que en mi opinión reflejan los sentimientos que don Francisco inoculó apasionadamente en sus escritos. De una manera poética, con una humildad y honradez serena y pragmática, reconoce sus circunstancias privilegiadas en términos económicos y sociales, como un óbice para la credibilidad de su discurso, y caballerosamente además, exalta objetivamente las cualidades y logros de su acérrimo adversario, el presidente Porfirio Díaz.
Recomiendo profusamente la lectura de este libro a todos los mexicanos, pero en especial en estos tiempos, a los políticos que en realidad amen a su patria y a su pueblo, para que, tomando como ejemplo la vehemente actitud de patriotismo con la que don Francisco escribió y vivió, no desistan de sus ideales y deseos. Y a los que lamentablemente no son capaces de cumplir con la que debería ser su vocación primaria y esencial, que lo lean también, pues su lectura puede lograr que reflexionen y reencuentren el rumbo perdido, si es que en algún momento lo transitaron.
Esta es la dirección donde se puede descargar el pdf gratuito del libro en internet: http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/6Re volucion/1910LSP.pdf
A reserva de continuar con esta labor la semana que entra, aprovecharé el espacio que me queda en esta, para compartir algunos extractos del corazón y el alma de don Francisco transmutados en palabras.
La Sucesión Presidencial en 1910. Francisco I. Madero
DEDICATORIA:
A los héroes de nuestra patria; a los periodistas independientes; a los buenos mexicanos.
Dedico este libro a los héroes que con su sangre conquistaron la independencia de nuestra patria; que con su heroísmo y su magnanimidad, escribieron las hojas más brillantes de nuestra historia; que con su abnegación, constancia y luces nos legaron un código de leyes tan sabias, que constituyen uno de nuestros más legítimos timbres de gloria, y que nos han de servir para trabajar, todos unidos, siguiendo el grandioso principio de fraternidad, para obtener, por medio de la libertad, la realización del magnífico ideal democrático de la igualdad ante la ley.
He dedicado en primer lugar mi libro a esos héroes, porque se me ha enseñado a venerarlos desde mi más tierna infancia; porque para escribirlo me he inspirado en su acendrado patriotismo y porque en su glorioso ejemplo he encontrado la fuerza suficiente para emprender la difícil tarea que entraña este trabajo. Solo en el estudio de su historia he podido fortificar mi alma, porque encuentro que ella nos hace respirar otro ambiente que el que hoy se respira en la República de uno a otro confín: el ambiente de la libertad, saturado de los perfumes que exhalan las plantas que solo se desarrollan en ese medio. Esa historia nos hace tener una idea más elevada de nosotros mismos, al enseñarnos que los grandes hombres cuyas hazañas admiramos, nacieron en el mismo suelo que nosotros, y que, en su inmenso amor a la patria, que es la misma nuestra, encontraron la fuerza necesaria para salvarla de los más grandes peligros, para lo cual no vacilaron en sacrificar por ella su bienestar, su hacienda y su vida.
En segundo lugar, dedico este libro a esos valientes paladines de la libertad que ansiosos aguardan el momento de la lucha; a esos estoicos ciudadanos que muy pronto se revelarán al mundo por su entereza y energía; a todos aquellos que sientan vibrar alguna de las fibras de su alma al leer este libro, en el cual me esforzaré por hablar el lenguaje de la patria.
El autor.
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