Cd. De México

Publicado el sábado, 13 de noviembre del 2021 a las 12:01
Ciudad de México.- Sobre las calles de la Zona Rosa, varias administraciones han proyectado planes para recuperar su imagen. Algunos se han enfocado en la mejora de infraestructura, pero otros han estado cerca de lo irrisorio.
El más reciente fue el presentado por la Alcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas: un túnel de 200 metros de largo con una estructura de aluminio y pantallas de iluminación LED que, según lo mostrado, habrá de recorrer la Calle Génova, de una manera similar a una instalación en la Calle Fremont, de Las Vegas.
Para Ignacio Lanzagorta, experto en antropología urbana, este tipo de iniciativas son una constante en la historia, algunas más inverosímiles que otras, y siempre partiendo del supuesto de que la Zona Rosa “ya no es lo que era”.
“ Lo que me llama la atención a mí es que no tienen claro ni qué es lo que era, ni qué es lo que quieren que sea, ni cómo estos proyectos van a funcionar”, señaló Lanzagorta, durante un recorrido realizado con REFORMA.
Su configuración actual data de la década de los 60, cuando fue nombrada por un grupo de artistas e intelectuales que se autodenominaba “La Mafia”, y en el que confluyeron nombres como Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes y José Luis Cuevas.
Lo que “La Mafia” vio fue un espacio a medio paso de ser una zona roja, con fiestas y consumo de alcohol, pero también una zona blanca, muy familiar y con restaurantes.
“ Se queda a medio camino de ser una zona roja y una zona blanca, entonces pues es una Zona Rosa”, explicó Lanzagorta.
El sismo de 1985 provocó la decadencia más dramática de este rincón de la Colonia Juárez, tras cierres en los comercios.
A partir de entonces brota la nostalgia por ese ambiguo pasado de la Zona Rosa, por su supuesto esplendor.
“ Parte de lo que se empieza a buscar en la Zona Rosa es cambiar un poco su espacio para ver si logra atraer a más gente y, desde luego, a la inversión”, detalló el especialista.
Se llevaron a cabo proyectos como adoquinar el piso, pintar las calles, colocar esculturas y peatonalizar Génova, entre los más significativos.
“ Y luego, bueno, vinieron algunos un poquito más delirantes”, apuntó Lanzagorta.
En 2008, la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi) develó una iniciativa como parte de las Obras de Rescate y Regeneración de la Zona Rosa: convertirla en una Venecia mexicana.
Habrían de abrirse canales de 50 centímetros de profundidad que permitirían recorrer en pequeñas embarcaciones un circuito que iría por las calles de Liverpool, Génova, Reforma y Amberes.
La iniciativa fue promovida como una oportunidad de atracción turística, la cual no prosperó.
“ (Eran) ganas de hacer intervenciones muy agresivas en un mismo espacio pensando siempre en un mercado totalmente turístico y que de alguna manera son imitaciones a algo que existe en otro lado”, definió Lanzagorta.
Uno de los lugares que con más insistencia se ha buscado intervenir es la Glorieta de Insurgentes, punto que para algunos vecinos fue la causante de la decadencia de la Zona.
En 2002, la asociación de comerciantes de la Zona Rosa buscó instalar ahí un edificio de acero y cristal que funcionara como centro de exposiciones y que fuera financiado por otros estados del País, por lo que llevaría el nombre de la Glorieta de la Federación.
Años más tarde, durante el Gobierno de Miguel Ángel Mancera, también se propondría el Corredor Cultural Chapultepec, una rampa que la conectaría con el Bosque.
“ El Corredor Cultural Chapultepec buscaba lo mismo que la Glorieta de la Federación, que era extinguir el espacio de la Glorieta”, apuntó Lanzagorta.
También bajo la Administración de Marcelo Ebrard se propuso convertir este espacio en un Times Square, con cilindros LED a su alrededor. La propuesta tampoco prosperó.
El grupo de “La Mafia” ya hablaba del carácter aspiracional de la Zona Rosa, de su tendencia a imitar otras grandes ciudades, contó Lanzagorta.
Y en esta búsqueda de identidad, es como este espacio se va componiendo con múltiples apropiaciones: desde la del movimiento LGBTQ+ hasta la presencia de la migración coreana.
“ Cuando se hacen todos esos proyectos de intervención urbana y de renovación, de alguna manera están rechazando la vida que hoy se da cita aquí.
“ La Zona Rosa no está deshabitada y no está desocupada, tiene una vida dinámica muy fuerte y tiene una serie de identidades que ya son parte de lo que son este pedazo de la ciudad”, puntualizó Lanzagorta.
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