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Coahuila

Mentoría oro y negro

Por Jorge de Jesús 'El Glison'

Hace 4 años

Oro y negro son los emblemáticos colores del equipo de futbol americano de la Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro, y este sábado pasado se llevó a cabo una serie de eventos para conmemorar los 40 años de haber ganado, en 1981, el campeonato de la Organización Nacional Estudiantil de Futbol Americano (Onefa), en la Liga Mayor B.

En una comida en el Café Viena se empezó a cocinar la idea de festejar el mencionado aniversario, ahí se juntaron los jugadores campeones de aquel año Florentino Garza, “El Ranchero”, linebacker y capitán del equipo, Hernán Valdés, “El Sátiro”, linebacker, Miguel Ángel Leal, “La Colación”, ala abierta, y Javier “El Chaparro” Acosta, quarterback. Para la organización del evento también los auxiliaron los jugadores de años posteriores Juan Alberto Ramírez, “La Bola”, y Juan Carlos Garibaldi. El primer evento se llevó a cabo el sábado por la mañana afuera del auditorio de la Universidad, donde se realizó una guardia de honor en el busto dedicado a don José Antonio Narro Rodríguez, quien legó su hacienda de Buenavista para que se creara la Escuela Regional de Agricultura, que ahora, convertida en Universidad, orgullosamente sigue llevando su nombre. El rector, doctor Mario Ernesto Vázquez Badillo, brindó a los asistentes un mensaje de bienvenida y felicitaciones, enseguida también tomaron la palabra a nombre de los jugadores, Florentino Garza y Hernán Valdés, rematando con un gran discurso nuestro muy estimado exrector y exjugador de futbol americano, el ingeniero Humberto Alvarado Sánchez, “Cheche”; también asistió a la reunión el exector y exjugador José Luis Gutiérrez, “La Cucaracha”.

Después de una sesión de fotografías se procedió a consumir un desayuno y posteriormente se jugó un tochito en el campo de entrenamiento. Por la tarde hubo una comida en la palapa de nuestro compañero Carlos “El Chato” González, donde con cariño, satisfacción, nostalgia y añoranza por aquellos años, recordábamos partidos jugados y anécdotas.

El futbol americano ha sido para mí el deporte con el que más me he identificado, y del cual más he aprendido enseñanzas aplicables y útiles para descollar en la vida, haciéndole frente a los retos, la competencia y la adversidad. Aunque he jugado con éxito casi todos los deportes convencionales como el futbol soccer, basquetbol, volibol, beisbol, tenis, y también he practicado el buceo, el alpinismo, kayak, rapel, el vuelo en parapente y ala delta, el futbol americano es el que más me ha dejado huella como una actividad fraterna, que hermana a los jugadores en una gran familia en busca de un sueño y un objetivo en común: el triunfo. Mi relación con el futbol americano inició en segundo de secundaria, donde jugué una temporada con un equipo regular, pero al estudiar la preparatoria en el Colmex, tuve la oportunidad, junto con mi gran amigo de la adolescencia, Fernando Flores, “El Totis”, de que nos admitieran -aunque fuéramos muy jóvenes-, para jugar futbol americano con el equipo de Zorrillos de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Autónoma de Coahuila. En ese año de 1977 el excelente y afable coach Francisco Tobías había conformado un gran equipo que nos llevó a quedar campeones y yo tuve la fortuna de ganar el trofeo otorgado al mejor safety de la liga intermedia de la UAdeC en la temporada. Cuando en 1979 entré a estudiar en la Narro también tuve oportunidad de jugar futbol americano, y además de conocer a uno de los hombres que más influencia positiva ha ejercido en mi vida, el extraordinario coach y ser humano, Manuel “El Gallo” Vásquez.

Jugué en la liga de intermedia y “El Gallo” quería prepararme para jugar en la posición de quarterback, por lo cual tendría que permanecer en intermedia otra temporada, sin embargo, mi ferviente deseo era subir de nivel a la Liga Mayor B y jugar con ese excepcional equipo que había sido campeón en 1978, que había escalado en 1979 a Mayor A, logrando la mejor temporada de un equipo debutante en la liga más importante del futbol americano en México. “El Gallo” intentó convencerme de desistir de mi propósito argumentando que por mi novatez no podría desbancar a los veteranos que se habían ganado su puesto después de varias temporadas de experiencia, en otras palabras, que por jerarquía, me tendría que quedar en la banca la mayor parte del tiempo. Yo le dije al coach que agradecía sus consejos e intenciones, pero que desde niño yo había buscado convivir con personas mayores y mejores que yo, pues para mí es la base del aprendizaje, y le pedí que por favor me permitiera vivir la experiencia de participar en ese fenomenal equipo, que se había conjugado con la excelente materia prima de la personalidad y cualidades de todos sus jugadores, y el arrojo y creatividad que él suministraba técnica y emotivamente al equipo. Afortunadamente el coach me comprendió y aceptó mi petición, y yo pude vivir una muy intensa experiencia de vida, que me ha servido en todos sentidos para lo que he logrado dentro y fuera de un estadio, o cualquier otro escenario. Para describir las enseñanzas obtenidas, o relatar las anécdotas sucedidas, tendría que escribir un libro entero, pero a reserva de escribir nuevamente en este espacio conceptos relacionados con este tema, me quiero por lo menos permitir plasmar aquí la esencia de la conversación, que ya en la madrugada y con algunas cervezas ingeridas, sostuvimos algunos compañeros y mentores, sobresaliendo por su profundidad y certeza lo que dijeron el enérgico y asertivo coach Alejandro Solís, “El Candore”, Sergio “El Chaparro” Acosta y Jorge Ramos, “Laredo”. Antes que nada y que nadie, recordamos con alegría y tristeza a la vez por su temprana partida, al mejor jugador indiscutiblemente del equipo, Juan Manuel “El Sam” Lozoya, quien como bien lo dijera el coach “Candore”, fue la bujía del equipo con la que todos nos prendíamos al unísono, y como hermanos de una sola y gran familia, sabiendo que como expresara el “Chaparro” Acosta, aún los que circunstancialmente no figuraban, fueron necesarios y parte esencial del equipo para poder obtener los triunfos que se lograron.

Como queda poco espacio, ya solo mencionaré los apodos y nombres de los compañeros de aquellas aventuras, que mi gastada memoria me permite, disculpándome de antemano por las omisiones: “El Cricket”, “El Pibis”, “El Pollo”, “El Aguililla”, “La Zorra”, “El Ganadero”, “El Lechero, “El Perro”, “El Pecado”, “El Chato”, Chacón, “El Rickis”, Fernando Salinas, “La Polla”, “El Brujo”, “La Iguana”, Eli Pámanes, “El Cherokee”, Armando Garza, “La Mazacuata”, Lupe, “El Rosita”, “El Beatle”, Vielma, “El Búfalo”, Castruita, “La Mancha”, “El Quimi”, “El Chivata”, “El Yeti”, “El Man”, “El Piojo”, “Salitas”, “El Caballo”, “El Chilango”, Montes, “Chambras”, “Jack”, “Plinio”, “El Nazas”, “El Irapuato”, “Esquizo”, “El Vásquez Plano”, “El Payo”, “La Macana”, “El Chiquilín”, “El German Monster”, “Cabeza de Marro”, “La Vaca”, “Tito Calavera” y “El Caño”.

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