Es como imaginar a un bombero piro-maniático, es decir, aquel que provoca intencionalmente la continuación de un incendio, el cual por la misión de su trabajo debe tratar de extinguirlo; tan absurda conducta del apagafuegos podría compararse metafóricamente con las políticas a mediano plazo que tiene una compañía que produce cigarrillos de cobertura mundial, empresa fácil de identificar, hace años, por un anuncio televisivo que promocionaba uno de sus productos, a través de un avispado vaquero del oeste estadunidense, quien por cierto, cuenta la leyenda, terminó sus días por una afección de cáncer.
Aunque parezca difícil de creer, de acuerdo con un ejecutivo de esa empresa, se pretende que para el año 2025, alrededor de 40 millones de fumadores, adictos a algunas de las marcas de esa cigarrera, dejen de fumar, por el bien del entorno social y de la salud personal, aunque el comunicado también aclara que los fumadores, que representan un mercado cautivo, podrán buscar alternativas que sustituyan la combustión del tabaco.
La estrategia de la cigarrera, que pone en duda la bondadosa disuasión de dejar de fumar, consiste en ofrecerles un artefacto sustitutivo, en forma de bolígrafo, que aunque funciona con tabaco, que se recarga cuando se agota, no lo quema, sino solamente eleva su temperatura, sin obviamente producir humo, sino vapor, pero con una sensación parecida a la que se tiene con un cigarrillo “común y corriente”. IQOS es como se conoce dicho dispositivo en el mercado de una de las tabacaleras. Tal acrónimo, al castellanizarlo, se puede traducir, o mejor dicho interpretar, como abstenerse de fumar de forma convencional.
La promoción del IQOS pondera que al usarlo causa menos daño en la salud del fumador; los efectos de la nicotina son menos nocivos al evitar la combustión del tabaco. A pesar de que se comenzó a comercializar desde 2014 en Asia y Europa, la dueña de la patente dejó pasar varios años para oficializar su política, al menos en México fue hasta 2020, que comunicó que dejaría de producir cigarros en el mediano plazo en el país.
La transferencia de tabaco quemado a utilizarlo sin combustión es una fuerte apuesta que hace la transnacional, que controla cerca de 65% del total de consumo de cigarrillos en el país (https://es-us.finanzas.yahoo.com/noticias). Quizá la compañía cigarrera ya calculó los riesgos que conlleva su propuesta, como pueden ser: 1) Siendo la compañía líder en el país, puede enfrentar la resistencia de los consumidores a deja de fumar, y estos busquen otras marcas alternas de cigarrillos habituales; 2) Cambiar el consumo de tabaco hacia cigarros electrónicos; 3) Dejar de fumar en cualquiera de las opciones que ofrezca el mercado; 4) Que el uso regular del IQOS, implique costos superiores al consumo de la cajetilla de cigarros ordinarios, y por lo tanto sea un factor de rechazo; 5) Que las compañías que compiten en el mercado de los cigarros se coludan, y actúen en contra del IQOS, entre otros.
El cambio tan radical de la compañía de cigarros, y que se lleva a cabo a pesar de las ganancias que obtenía de sus ventas de tabaco, puede obedecer a que la empresa considere oportuno diversificar su cartera de negocios; incursionar en otros que en el mediano o largo plazo compensen lo que deja de ganar al cancelar la producción de cigarros “normales”, o bien, que los accionistas futuros o una parte de los actuales “comulguen” con un entorno ecológico sustentable, desde la perspectiva de sus finanzas.
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