Me preparaba para ver en la pantalla del televisor, el desfile del 20 de noviembre, fecha muy importante en el calendario histórico de nuestro país cuando ¡oh sorpresa! al escuchar el mensaje del Secretario de la Defensa Nacional -o sea usted General Luis Cresencio Sandoval- pasé de la tranquilidad a la inquietud; de la alegría a la preocupación.
¿Qué sucedió? ¿Por qué desviar el objetivo del discurso? ¿se confundió de escenario? Por supuesto que no. Sin embargo, su desafortunada intervención en la conmemoración del aniversario de la Revolución Mexicana nos muestra la posición real donde nos encontramos los mexicanos.
En algunas ocasiones y en este mismo espacio he mencionado mi admiración y respeto por las Fuerzas Armadas de nuestro México amado. Esos sentimientos nacieron en mí desde muy pequeña y gracias a mi padre, quien me llevaba a presenciar los desfiles militares, siendo una niña. Aprendí que hemos contado con un ejército cuya lealtad a la Patria es innegable.
Un ejército de paz porque es a ellos, a los militares a quienes se debe la tranquilidad que gozamos los ciudadanos por décadas. Los militares en sus cuarteles, en sus actividades, pero vigilantes siempre para mantener el orden y no permitir que fuerzas extrañas se apoderaran de nuestro suelo.
Después de haber escuchado su discurso, General Secretario de la SEDENA me pregunto ¿recuperaremos esa paz, esa tranquilidad tan anhelada por la mayoría de los mexicanos? Sus palabras son para ser tomadas muy en serio y para sentir preocupación. Al menos yo así lo considero.
Podría asegurar que la gran mayoría de ciudadanos de este maravilloso país, deseamos que quienes forman parte de las Fuerzas Armadas y Aérea, de Marina y ahora, de la Guardia Nacional mantengan vivas sus convicciones. Las mismas que los llevaron a unirse a ese grupo de hombres y mujeres dispuestos a servir a su país.
Servir con Honor, defendiendo siempre con valor a su Nación. Con Lealtad que significa ser fiel a la Constitución y por ende a la Patria, no a proyectos personales del gobernante en turno o de grupos que pretendan someter a los ciudadanos al yugo de una dictadura.
Hacerlo, sería traicionar los principios de nuestra Carta Magna y los convertiría en cómplices en un proyecto absurdo que no encaja en un México que surgió de una lucha armada emprendida por el justo anhelo de libertad.
No acabo de entender que un General en cuyo uniforme cuelgan medallas -que quiero suponer fueron ganadas por méritos propios y servicio a la Nación- se haya atrevido a pronunciar en su discurso “como mexicanos es necesario estar unidos en el proyecto de Nación que está en marcha, porque lejos de las diferencias de pensamiento que pudieran existir nos une la historia, el amor por la tierra que nos vio nacer y la convicción de que sólo trabajando en un mismo objetivo podremos hacer la realidad, esta realidad que cada día sea más prometedora”.
¡Qué decepción me causó escucharlo! ¿A qué proyecto de la 4T se refiere? ¿a la destrucción del país? ¿a la entrega de buena parte del territorio a las bandas criminales? ¿cómo nos puede pedir unidad y trabajar por un mismo objetivo? ¿Transformación? O más bien destrucción de todo lo que con esfuerzo se construyó con el trabajo de todos los mexicanos.
¿Usted está de acuerdo con la destrucción de nuestras instituciones? ¡YO NO!
No puedo apoyar a quien no cree en la democracia y pretende destruir al INE para apoderarse de él para sus fines perversos. No deseo un México como Cuba o Venezuela o Nicaragua. Deseo seguir respirando LIBERTAD. Salir a votar por quien YO elija, con elecciones confiables no a modo de un gobernante enfermo de poder, de soberbia y de maldad.
No puedo apoyar a quien no sintió empatía ni compasión por niños enfermos de cáncer, pequeñitos que, al no recibir tratamientos, perdieron la batalla contra tan temible enfermedad. No puedo seguir a quien, habiendo ganado elecciones por mayoría, en lugar de gobernar para todos los mexicanos como es su deber, continúe en campaña permanente, polarice, insulte y denigre constantemente a una buena parte de los ciudadanos.
¿Cómo aplaudir a quien no le importó la salud de los mexicanos durante la pandemia? Mientras que nuestros doctores, enfermeras y todo el personal en hospitales trabajaban con limitaciones, millones de dólares fueron obsequiados a Cuba porque “envió doctores a los hospitales en México para ayudar”. De sobra sabemos que la supuesta ayuda fue un pretexto para justificar el regalo que se hizo al gobierno de Cuba.
En cuestión de seguridad, no hemos olvidado cuando detuvieron al hijo del Chapo Guzmán pero tuvieron que soltarlo. Diversas versiones, mentiras y más mentiras. Fue una decisión del presidente (muy pronto se supo la verdad) No era para protegerlos a ustedes, los militares, ya que nunca los ha querido ni respetado. Las consecuencias de esa liberación, la ha estado resintiendo el país con el incremento de la violencia.
La estrategia de “abrazos, no balazos” a los delincuentes no era posible que funcionara. Los estrategas son ustedes, los militares, no un individuo que en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos recibe el honor de ser nombrado de manera temporal como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas (Presidente de la República en turno y por lo que dure el cargo). Por lo tanto, queda entendido que no es el dueño del país.
La obediencia no debe confundirse con sumisión a un individuo por parte de los verdaderos militares, quienes deben hacer gala de respeto a su investidura y no inmiscuirse en asuntos políticos ni pretender manipular la mente de los ciudadanos.
No olvide General Secretario, Luis Cresencio Sandoval, que los militares le deben lealtad a la Patria a la que deberán defender de cualquier riesgo, así como a sus instituciones. Sea usted el ejemplo a seguir y no la decepción.
Reitero mi respeto y admiración a las Fuerzas Armadas y Aérea; a la Marina, Guardia Nacional, también a cada policía que, en estos tiempos difíciles, se juega la vida en su compromiso con nuestro querido México. Todos ellos saben que el país los necesita. Dios los bendiga.
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