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Coahuila

Por una hermosa Navidad

Por Cholyn Garza

Hace 4 años

La pandemia ocasionada por el virus del Covid-19 nos ha dejado una gran enseñanza, una gran lección.  Desde su aparición, no fue fácil asimilar lo que realmente representaba el virus del cual se ignoraba la magnitud del problema.

Transcurrió el 2020, con incertidumbre ante lo desconocido.  Nadie sabía a ciencia cierta qué estaba ocurriendo en el mundo.  No fue justo que nos mantuvieran con la expectativa ante el riesgo de contagios.

Fue un año difícil, muy difícil para todos.  Y me atrevería a afirmar que a causa del mentado Covid, la vida nos cambió a todos, sí, a todos de alguna manera.

Con la aparición del virus, y por seguridad, fuimos “invitados” por las autoridades a quedarnos en casa. Tal medida trataba de evitar hasta donde fuera posible, exponernos a contagios. 

Uso de cubrebocas, mascarillas, lavado frecuente de manos, usar gel, salidas sólo esenciales, pero lo más difícil para cualquiera, fue evitar el contacto con nuestros seres queridos.  Abrazar a los hijos, a los nietos ¡No era lo aconsejable!

Había que cuidarse.  Diversas razones se dieron.  Era por nuestro bien.

Fue muy triste observar las calles vacías o con poco movimiento.  Los negocios cerrados, la algarabía de siempre se había apagado como por arte de magia.  El mundo de alguna manera estaba comunicado por los medios que transmitían, lo mismo serenatas al personal de la salud en un mensaje de agradecimiento por su esfuerzo y dedicación a sus pacientes que información acerca del comportamiento del virus.

De la euforia que empezó en un país y trascendió a otros, pasó a la preocupación.  Se iba incrementando peligrosamente el número de contagios.  El virus no respetaba a nadie.  Los pronósticos fallaban porque sólo Dios tiene el poder para decidir cuándo, cómo y a quién le llega su hora.

Así iba transcurriendo el tiempo, ante expectativas.  Meses de encierro con lamentables resultados.  Decesos, hospitales saturados, médicos contagiados.  Países que carecían de medicamentos y pacientes en los pasillos esperando ser atendidos.

¡Cuánto dolor! ¡Cuánta necesidad! ¡Cuánta pobreza en el mundo!

La pandemia, hay que decirlo, nos permitió valorar o revalorar muchas cosas. Un buen tiempo para reflexionar y darnos cuenta lo valioso que es tener salud, contar con qué curar las enfermedades.

Dios no se equivoca.  Pudimos observar la pobreza enorme que existe en países que carecen de muchas cosas que son elementales para la subsistencia.  Y también pudimos darnos cuenta de la miseria humana y espiritual de gobernantes que mantienen a sus gobernados bajo el yugo de dictaduras mientras ellos, viven como príncipes.  Individuos que asumen el poder y no quieren soltarlo para no perder la riqueza a la que muy pronto se acostumbraron.

El 2020 fue un año muy difícil para la humanidad.  No sólo lo fue por el encierro sino lo que significó realmente. Nos modificó la vida de una manera drástica. 

Se adoptaron nuevas formas de estudio, de trabajo.  Todo desde casa.  Se creyó que pronto pasaría la pandemia y volveríamos a la normalidad, pero no, no fue así.  Hubo grandes pérdidas en negocios que tuvieron que cerrar, la economía se deterioró de manera importante y afectó los bolsillos de la gente.

Los sentimientos también se modificaron en algunas parejas que terminaron separándose.  

Lo más doloroso y lamentable durante la pandemia ha sido, sin duda alguna, la pérdida de vidas humanas.  Vidas productivas, de personas que se contagiaron y no lograron vencer la enfermedad.  Se sumaron a las pérdidas por el virus, niños con cáncer, pacientes con necesidad de tratamientos que no les fueron proporcionados.

2020 nos dejó una estela de dolor por contagios y fallecimientos.  Y continuó en el 2021 aunque quizás a menor escala.  Aún así el riesgo existe.

La llegada de la variante Ómicron -de la que nadie parece estar seguro de su comportamiento a futuro- viene a indicarnos que no hay que bajar la guardia.  Que debemos seguir cuidándonos y sobre todo no descuidar las medidas de seguridad.

No debemos sentir que ya todo pasó porque nadie lo sabe.  Las aglomeraciones hay que evitarlas, aunque estemos vacunados.  La realidad es que este virus, que nos ha modificado la existencia, al parecer llegó para quedarse.

De ninguna manera quiere decir que si va a estar de manera permanente qué más da si vienen los contagios.  Por supuesto que no es así.  Hay que tener presente que se está trabajando en encontrar una solución a la problemática existente.

Debemos seguir con cuidados, porque la mejor medicina en estos momentos es la prevención. Los cuidados que sigamos teniendo para evitar problemas y podamos dar esos abrazos que quedaron suspendidos por un largo tiempo, a los seres que amamos.

Por nuestro bien y el de los demás, evitemos salidas innecesarias; no nos expongamos para poder reunirnos en familia y tener una hermosa Navidad.

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