Arte

Publicado el miércoles, 22 de diciembre del 2021 a las 04:10
Saltillo.- Para Maribel Lugo y Rodolfo Moreno, directores de la Escuela Ballet Profesional Coahuila, había un sueño que querían cumplir “desde hace muchos años”: expandir su forma de educar a nuevos bailarines en la disciplina de la danza clásica. Y quizá fue la voluntad, coraje y entereza que les dio alejarse de la pista y de sus alumnos durante la cuarentena del 2020 o tal vez un milagro navideño, que firmaron el convenio con cinco filiales dentro del país e incluso más allá, el pasado agosto y ayer sumaron otra más.
Entre estas sedes están Ana Carrillo Escuela de Danza, de Torreón, dirigida por Ana Carrillo y Fabiola Vieira, con su escuela Therra Dance; el Ballet Profesional Durango, en el estado vecino, que cuenta con la coordinación de Andrea Rivotta y Abril Acosta, y Allegro Ballet, que pertenece a la frontera entre Matamoros, Tamaulipas, y Brownsville, Texas, a cargo de Teresa Sánchez, siendo el espacio más reciente el Ballet Profesional del Estado de México en el Centro del país, dirigido por Ana Luisa M. Plascencia, todos ellos con único fin: “llevar la danza para que los seres humanos la usen como una herramienta para llevar una vida plena, una vida feliz, que a final de cuentas para eso venimos al mundo”, como apuntó Lugo en entrevista con Zócalo.
Técnica y práctica
Lo que se plantea este trabajo conjunto es ahondar en el sistema que la Escuela Ballet Profesional Coahuila ha implementado desde hace 25 años en Saltillo, y que ha dado a bailarines como Edwin Said González, quien ha forjado una carrera.
Según apuntó Lugo, este trabajo conjunto inició desde el año pasado, con “jornadas muy intensas en la capacitación, el estudio de estrategias metodológicas y técnicas para desglosar cada paso y de principio a fin, conocer la parte anatómica, kinesiológica, la biomécanica de cada movimiento, también cómo está estructurada una clase, cómo lograr la correcta ejecución de los estudiantes, cómo detectar errores y corregirlos. Toda una parte sustancial, es lo que llevamos juntos”.
Ayer, durante una sesión de trabajo fue cuando se firmó el documento para la filial del Estado de México, a cargo de Plascencia, quien apuntó que “lo que me parece muy importante es que una escuela como es el Ballet Profesional Coahuila abra sus puertas para que personas, no solo del estado sino de México, puedan reproducir la metodología que ellos llevan aquí y que se ha demostrado que funciona, para hacer de la danza un arte profesional”.
Para las directoras, ese el principal objetivo a lograr, pues como apuntó Andrea Rivotta de la sede en Durango “muchas veces los papás creen que el ballet es solo un hobby y no una carrera. Algo que practicas unos años y que después, si lo dejas, pues no pasa nada”.
“
Creo que la gente aún sigue viendo esto así como en el caso de Durango, donde no hay una escuela de este tipo, pero también en los lugares donde hay oportunidades de practicarlo, la gente sigue diciendo cosas como ‘ay, no vas a vivir de eso, mejor estudia Medicina’. Por eso el reto será cambiar la mentalidad de los padres para que ellos vean y se convenzan de que es algo que les va a dar a sus hijos una buena calidad de vida”, apuntó Rivotto quien al igual que Plascencia y Lugo es sicóloga de profesión.
Cambios sociales
A partir de esa transformación del pensamiento en el núcleo familiar, apuntan las directoras, se pueden lograr un cambio a nivel social y cultural sobre el valor que se le da a las artes en cualquiera de sus disciplinas, como un trabajo. Eso se traduce, señalan, en una tradición mayor de bailarines.
Para Ana Carrillo, lo que hacen estas filiales es “construir los cimientos porque empezamos desde niños chiquitos. Entonces tomarlos y enseñarles correctamente es un inicio, para hacer que el resto de las personas y la sociedad tenga un acceso a esta arte, para que no sea elitista, sino que se pueda llevar a toda la emoción. Esto para crear un sostén fuerte para el arte y la cultura desde nuestra disciplina, que es la danza clásica”.
Para Lugo y sus colaboradoras, la pandemia, más que un momento difícil es uno de posibilidades como lo demuestra este proyecto. Pues el interés de las personas estuvo volcado en las artes, lo cual puede ser un trampolín para que los niños que se sienten atraídos por el ballet den saltos más altos, a la vez que las escuelas que enseñan este arte “renazcamos como aves fénix de las cenizas, pero eso sí, todas juntas”, como concluyó Lugo.
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