El fin de semana fue trágico para Saltillo. Un alto número de accidentes viales y de consecuencias fatales enlutaron a familias de esta capital, donde pasan por momentos difíciles en este fin de año. Con ello, me solidarizo con quienes atraviesan por una situación de este tipo. Mi hija, por cierto, lamenta el deceso de su excompañero de generación Rodrigo Tovar (QEPD), quien murió en un incidente en el bulevar V. Carranza.
Los accidentes automovilísticos ocurren por varios factores. Desde las condiciones del vehículo, la pericia del conductor, la señalización y el estado en que se encuentra la superficie de rodamiento, los posibles momentos de distracción de quien va al volante, o simplemente, el ánimo de quien va a cargo de la unidad.
Según un reporte de la Secretaría de Gobernación de México, presentado por la Guardia Nacional, define un accidente como un suceso o acontecimiento inesperado, no premeditado. Se trata de una situación eventual que altera el orden normal de las cosas.
No es un tema del destino, ni del azar o inevitable. Los accidentes automovilísticos, consigna el reporte de la Segob, son un problema de salud, controlable, pues es una consecuencia de algo, y pueden ser prevenibles.
La clasificación queda como sigue:
1) Caso fortuito: que no se puede evitar.
2) Imprudencial o no intencional: en que incurren la falta de precaución, negligencia, impericia y falta de reflexión.
3) Intencional: con el fin de lograr algo ilícito.
Cuando se habla de la casuística del accidente vial se puede decir que es el resultado final de un proceso donde existe un entramado multifactorial entre: la carretera, las señales de tránsito o la falta de éstas, el clima y las capacidades psico-físicas del conductor del vehículo.
En el texto que ha difundido la Segob, señala además que en un accidente de tránsito se pueden ver involucrados factores como el exceso de velocidad, el estado de ebriedad, el cansancio o fatiga de quien va manejando o la impericia. Hay quienes opinan que el estado de ánimo determina igualmente la posibilidad de manejar con prudencia o que puede también, alterar las habilidades para transitar.
Pero, definitivamente la educación vial es la respuesta para prevenir el índice de accidentes automovilísticos en Saltillo y las regiones de Coahuila. Recientemente se ha dicho que un siniestro vial es un problema de salud pública, que exige implementar campañas y generar pedagogía entre los usuarios de las vías terrestres en las ciudades de Coahuila.
Tener conocimientos básicos de: reglas de seguridad vial, conocer la reglamentación en materia de tránsito, la obligación de proteger al peatón y al ciclista, respetar los dispositivos de control, obedecer a las autoridades, y principalmente no ingerir bebidas alcohólicas si se va a manejar y, lo mismo, no exceder la velocidad. Nos falta educación vial.
Feliz fin de año, ¡bienvenido 2022!
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