Por los años 40 del siglo pasado, viviendo José y sus hermanos, Ignacio y Rodolfo, en La Casa del Estudiante en la Ciudad de México, donde el primero estudiaba Leyes en la UNAM, se le presentó una enfermedad generada por un virus desconocido en aquella época (meningo encefalitis cerebro espinal).
Fue atendido en un puesto de emergencia de la Cruz Verde de Balbuena, en el Distrito Federal, por el doctor Jacinto Arturo Sánchez. La impresión médica externada fue determinante: es incurable y mortal por necesidad. Sus padres y sus hermanos experimentaron momentos de extrema tensión y ansiedad, ante un acontecimiento tan dramático y doloroso, por lo que con la urgencia del caso lo trasladaron al Hospital General donde laboraba un ameritado médico coahuilense, Pedro Bosque Pichardo. En entre él y un neurólogo de apellido Gamboa, considerando la gravedad del joven “Pepe”, reflexionaron apasionadamente la estrategia a seguir.
En ese tiempo apareció en el mercado médico un producto denominado Rubiazol, para atacar infecciones y decidieron aplicárselo. “Pidieron autorización y fue afirmativa”, recuerda su hermano Nacho. Le inyectaron el Rubiazol por vía intrarraquídea. El medicamento estaba en proceso de experimentación.
Al tercer día, De las Fuentes comenzó a reaccionar positivamente. El estado de coma era gradualmente superado. Sus amigos de la Casa del Estudiante hacían guardias permanentemente, de día y de noche, en una demostración de grande afecto para José de las Fuentes, entre otros, Jesús Bosques, Alfredo Tijerina, Marcial Balderas, Humberto Siller, Héctor Frausto y José María García Ramos.
José pudo recuperarse en una primera etapa. Luego fue trasladado a Saltillo, donde en casa de sus padres logró el restablecimiento total. Regresa a la Ciudad de México a continuar sus estudios de Leyes. Pasando el tiempo uno de los doctores preguntó a Nacho por su hermano Pepe:
-¿Murió?…
-No, lo tengo trabajando.
-¡Qué injusto eres! ¿En qué trabaja?
-¡Es el gobernador de Coahuila!
Más sobre esta sección Más en Coahuila