La gran pregunta sería: a estas alturas, con el Covid desatado, con tantos contagios y decesos, ¿por qué persisten las conductas de alto riesgo? ¿por qué podemos encontrar en las calles, en los bares, en las empresas e industrias a tanto indolente, omiso e irresponsable?
Y una doctora sonorense, Adriana Vallarino Ceceña, nos ayuda a responder. Ella vivió muy de cerca el impacto del coronavirus ya que este atrapó a su esposo, también médico internista, que en la primera línea de batalla resultó contagiado y no logró sobrevivir.
La doctora sentencia, y cito: “mientras mis muertos no sean tus muertos, no va a cambiar nada”, y reclama que la ciudadanía continúa acudiendo a eventos y fiestas, sin crear conciencia sobre los riesgos que implica. Y tiene razón.
Parece que carecemos de empatía, en términos sociales, y que somos básicamente tan irresponsables y egoístas que, mientras no nos suceda, pues nos vale.
Y aún más, con eso de que Ómicron es mucho más benigno, pues que venga una “gripe”, total, no pasa nada.
Y qué bueno que a la mayoría de los infectados por esta variable no les afecte severamente, pero son portadores del virus y podrían contagiar a alguien que sí resienta mayores afectaciones. Pero, nos vale.
Los registros oficiales de los últimos tres días, del martes a este jueves, dan cuenta de que en Coahuila, 4 mil 260 personas se contagiaron y 80 murieron –sí, en las últimas 72 horas, este virus mató a 80 coahuilenses– pero eso ya no nos dice nada o simplemente nos vale, y mientras, que sigan las fiestas, las aglomeraciones y eso de la sana distancia y el cubrebocas, será solo “si tus muertos se vuelven mis muertos”.
No cabe duda, merecido tenemos, como sociedad, lo que nos pasa.
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