Arte

Publicado el miércoles, 2 de febrero del 2022 a las 04:10
Saltillo.- Uno puede imaginar al escritor irlandés James Joyce (1882 – 1941) despertando la mañana de su cumpleaños, el 2 de febrero de 1922, medio a ciegas y tanteando su hogar. Las sombras lo llenan, pero también el conocimiento de ese espacio en el que lo espera algo más: un bloque de más de 700 páginas. ¿El título sobre el lomo? Ulysses.
La novela, que hoy cumple su centenario contra todo pronóstico, pues fue prohibida en Estados Unidos e Inglaterra por considerarse inmoral, se convirtió en un fenómeno. Un relato en el que el alma del hombre moderno se ve reflejada y cuya influencia ha cimbrado a la historia de la literatura gracias a su audacia técnica, su profundidad humana y la renovación de un mito: el de la Odisea, de donde toma el nombre para contar la historia de Harold Bloom, un judío de Dublín cuya esposa le pone los cuernos.
Un apuramiento de la vida completa, pues todo sucede un 16 de junio, fecha que se ha convertido, también, en todo un evento mundial conocido como Bloomsday y que se ha celebrado tres veces en Saltillo.
Para el escritor Alejandro Toledo, “el libro llamó la atención desde que empezó a aparecer en forma seriada por la crudeza de sus situaciones, en la descripción de lo cotidiano (defecar, echarse gases, masturbarse, fornicar) y por las técnicas literarias empleadas, sobre todo la corriente de conciencia.
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Quienes leyeron ya la novela completa entendieron que prácticamente todas las formas narrativas utilizadas hasta entonces habían sido concentradas en la novela, sin que esto hiciera que se dispersara. En esa época significó una liberación: se había encontrado un molde complejo para la descripción del hombre del siglo 20”, tanto que el poeta T.S. Eliot “habló del ‘método mítico’ porque las aventuras del ciudadano de la urbe iban a la par de los trabajos del Odiseo homérico, y entendió que esos paralelismos le daban un orden al caos moderno”.
Ulises, según apunta el experto John McCourt en su libro Los Años de Esplendor. James Joyce en Trieste, 1904-1920 (FCE/Turner), se fraguó en la mente del irlandés durante 15 años, cuando vivía en la ciudad Italiana. Aunque finalizaba su libro de cuentos Dublineses, y esperaba iniciar su novela El Retrato del Artista Adolescente.
Los tres libros narrativos del autor, quien escribió además Música de Cámara, un poemario, y la obra de teatro Exiliados, beben de su vida personal. La experiencia vital se convierte en la materia con la que el escritor esculpe a los personajes principales del libro: Harold y Molly Bloom y Stephen Dedalus, alter ego de Joyce quien ya había aparecido en el Retrato.
Para Toledo, experto en la novela, conocer la vida de Joyce enriquece la lectura del libro, considerado por muchos como difícil, denso y pesado.
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Hay una gran biografía de Joyce, la de Richard Ellmann, y uno puede leerla e ir leyendo, a la vez, los libros de Joyce. Eso implica un enriquecimiento. Para empezar, no obstante, siempre es mejor ir directo a los trabajos literarios de Joyce y que te deslumbren por ellos mismos. Para una segunda lectura, los datos biográficos te harán entender mejor a los personajes y al escritor en su proyecto. Sabemos que Stephen Dedalus fue su seudónimo y luego su ‘alter ego’. Para el tiempo de Ulises, sin embargo, Joyce ya tiene la edad de Leopold Bloom, y algo comparte con este…
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Ulises tiene fama de libro difícil y lo es si se empieza por leer la novela en crudo, sin atender a lo anterior; creo que el mejor modo de leer a Joyce es arrancar por Dublineses, que es ya una maqueta del Ulises; seguir luego con Retrato del Artista Adolescente, que es la vida de Joyce/Dedalus, y después ya arrancar con Ulises, que retoma a Dedalus y salta a Bloom. Se necesita paciencia, por ser un libro largo, pero tampoco es de lectura imposible. Las recompensas son muchas. Decía (el crítico literario Gerard) Genet que la dificultad de un libro es una cortesía del autor con sus lectores”.
Y para acompañar, conocer y ahondar en ese despliegue técnico, el Fondo de Cultura Económica (FCE) ha publicado en su colección Breviarios, dos libros que pueden ayudar al lector: James Joyce, de Harry Levin, y Joyce en Padua, de Louis Berrone.
El viaje de publicarlo
La obra maestra de Joyce comenzó a publicarse en 1920 por entregas en diarios como el londinense The Egoist y el estadunidense Chicago Tribune, en los que comenzó a recibir críticas pero también alabanzas, las cuales le granjearon un interés inusitado entre el público.
Por ello, Sylvia Beach, dueña de la librería parisina Shakespeare&Co., se ofreció a publicar el libro ante un panorama abrumador, pero en los que también estuvieron presentes autores como André Gide, y Ernest Hemingway, quien contrabandeó numerosas ediciones con algunos amigos.
La historia no suena diferente a la que viven algunos libros ahora, para mayor ejemplo está el cómic Maus, de Art Spiegleman, que recientemente fue censurado en Estados Unidos, o la historieta Asterix prohibida en Canadá. Ante este panorama, Toledo apunta que no sabe “cómo sería recibido el Ulises en este presente de cancelaciones”, en un ambiente en el que “quizá sorprendería, al principio, pero terminaría por ser aceptado por su despliegue técnico”.
En cambio, para el escritor Jorge F. Hernández “James Joyce estaría hoy en un maremangum de desahucios, porque él escribió el Ulises huyendo de la Primera Guerra Mundial, evadiendo el conflicto. Y la historia de la publicación le debe mucho a las dueñas de la librería Shakespeare&Co., que es la que editó la primera edición hace 100 años. Esas mujeres le apostaron y dijeron ‘bueno, vamos a editar a este hombre’.

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Pero era, además, un delirio por la prosa, porque si lees el Ulises te das cuenta de que es muy complicado por el inglés que usa Joyce. Hoy en día, las grandes editoriales primero le enjaretarían una corrección obligatoria, le pedirían la versión en Word, y como era tuerto, seguramente tendría problemas para escribir en 12 puntos. Entonces en ese sentido se han multiplicado las garitas, las aduanas”, apuntó a Zócalo el autor, quien conduce el podcast Libros Malditos que cada viernes aborda un título en la plataforma Himalaya.com
Y esas taras editoriales son, quizá, el mayor enemigo de un libro como el Ulises en la actualidad. Punto en el que confluye Toledo, pues la industria aboga por libros menos experimentales, como los que inundaron el mundo literario hace 100 años, con títulos como En Busca del Tiempo Perdido, de Marce Prust; El Cuarto de Jacob, de Virgina Woolf, y La Tierra Baldía, de T.S. Eliot.
Para el antologador de El Hilo del Minotauro, “lamentablemente se puso freno a la experimental. Las grandes editoriales quieren libros en los que el lector no se esfuerce mucho, fácilmente adaptables a una serie televisiva o una película. Se hacen guiones narrativos, más bien, en lugar de novelas. El año 1922 nos enseñó dos grandes momentos narrativos; el de Joyce con Ulises y el de Proust, que muere ese año pero alcanza a ponerle fin a su gran obra: En Busca del Tiempo Perdido. El que esas dos experiencias sigan siendo referentes, pese al dominio comercial de lo ligero, quizá nos enseña que lo actual no será, de aquí a 100 años, lo que permanezca”, dijo a Zócalo.
Ulises ha cruzado la historia gracias a un hombre común, una mujer infiel y un joven borracho, quienes se han convertido en símbolos del mundo actual, personajes que se pueden visitar como se visita a los amigos. Pues, aunque la fama de difícil ha negado a muchos lectores acercarse al libro, Toledo asegura que la mejor forma de iniciarse en él, es pensando en la diversión que puede dar.
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En cuanto a las lecturas del Ulises, me he dado cuenta que el capítulo tres es fatal para muchos, es ahí donde abandonan la novela. Se trata del monólogo del joven poeta Stephen Dedalus en su andar por la playa. Y es un monólogo intelectual bello y profundo.
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En el capítulo siguiente aparece el ciudadano común, Leopold Bloom, y cuando vamos con él al retrete la novela suelta todo lo que podía haberla hecho pesada, se aligera, y el relato se torna cómico y carnavelesco o car-novelesco. Quien lea a Joyce debe pensar que lo hará para divertirse, no para sufrir. Desde Cervantes, la novela experimental está llena de humor”, agregó Toledo, quien cada 16 de junio celebra con una camina, una lectura y una buena cerveza oscura.
Ulises en Saltillo: Por Sylvia Estrada
El Seminario Amparán organizó su primer Bloomsday en 2015. La idea fue del escritor Julián Herbert, quien entonces coordinaba el seminario y que pidió a sus integrantes elaborar desde el guion con algunos pasajes de la novela Ulises de James Joyce, repartir los papeles, hacer el itinerario del recorrido, hasta elaborar algunos de los platillos que se mencionan en el libro. Claro que una de las consignas fue que los participantes lucieran atuendos parecidos a la época en que transcurre la historia protagonizada por Leopold Bloom: el 16 de junio de 1904.
En aquel entonces el recorrido se realizó en el centro histórico, principalmente en el callejón Ocampo, y culminó en El Cerdo de Babel. La actividad, que se realizó en conjunto con la Secretaría de Cultura, convocó no solo a los miembros del seminario, también a los interesados en la literatura y a los curiosos que pasaban por el lugar. Fue la primera vez que se organizó un Bloomsday en Saltillo.
El evento se repitió en 2019, pero ahora solo estuvo a cargo de su organización el Seminario Amparán y se realizó el recorrido desde la Biblioteca Manuel Múzquiz Blanco hasta la librería del FCE Carlos Monsiváis, donde tuvo lugar una lectura dramatizada. Para esta ocasión se invitaron a otros actores del ámbito cultural de la ciudad, gracias a las gestiones de Aurora Alvarado, como el teatrista Juan Antonio Villarreal, la escritora Iza Rangel, la editora Elsa Tamez y la sicoterapeuta y actriz Dona Wiseman. También se leyeron pasajes del guion basado en Ulises y hubo una degustación de bocadillos irlandeses.
La tercera edición se llevó a cabo de forma virtual, en 2020, debido a la pandemia de Covid-19. En este evento, que se transmitió vía Facebook y en el canal de YouTube del Seminario Amparán, se armó una charla con Luis Fernando Bañuelos, Penélope Montes y Carlos Mata, en la que participé como moderadora.
En 2022 se cumple el centenario de la publicación de esta novela que cambió el panorama de la literatura del siglo 20, por lo que en el Seminario Amparán ya comenzamos a planear un Bloomsday especial para recordar las andanzas de Leopold Bloom y el maravilloso monólogo de Molly. Por supuesto que no faltarán los disfraces, pues como bien dijo mi amigo César Gaytán, los nerds no pueden resistirse a buscar el atuendo ideal para participar en un Otakufest literario.
He tenido la suerte de participar activamente en la organización de todas las ediciones del Bloomsday en Saltillo. Una experiencia que habla del poder de la literatura para crear tradiciones y vínculos comunitarios. Por esta razón, desde el inicio hemos apostado por una actividad pública y gratuita, que forme parte de la dinámica cultural de la ciudad.

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