La palabra “Plenitud” se define en los diccionarios como el estado de una cosa o persona que ha alcanzado su momento de máxima perfección o desarrollo, su totalidad, integridad o cualidad de pleno. También se define como el apogeo, momento álgido o culminante de algo.
Arturo Gilio Quintero toreó en plenitud a su novillo “Don Jesús” de la Ganadería de Villa Carmela y al transmitir plenamente sus emociones a los tendidos logró que el público pidiera su indulto y que el juez lo otorgara.
Hace mas o menos 15 días, el pasado 4 de febrero, Arturo Gilio también se expresó intensa y dramáticamente pleno en el ruedo de la Plaza México, también en ese, el coso taurino más grande del mundo, la afición pidió el indulto de su novillo, en esa ocasión el juez no le otorgó el perdón al astado, e incoherentemente, aun cuando Arturo lo mató de un estoconazo fulminante, no concedió el rabo para el torero que la plaza pedía fervorosamente. Arturo Gilio Quintero está enrachado con una serie de tres acontecimientos contínuos en los que ha resultado triunfador en todos ellos, cortando 9 orejas y un rabo.
¿Pero cómo es que esto ha sucedido? ¿Es obra de la casualidad, o de la suerte? No, imposible. Ser profesional en la fiesta brava jamás puede ser solo consecuencia de la buena fortuna, ya que para poder vivir de ella, el torero requiere de una constancia en los triunfos, y encontrar la fórmula personal para entregarse y transmitir plenamente todo su ser y su saber en cada astado enfrentado.
No es nada fácil ganarse el sustento o crear un patrimonio utilizando capotes, muletas y espadas El porcentaje de los toreros que comen de su trabajo utilizando estas herramientas es extremadamente pequeño, comparándolo con otras profesiones o actividades. Siempre hay por supuesto la ilusión de lograrlo, pero para la gran mayoría se queda solo en eso, ilusiones y sueños de grandeza; es injusto, es cruel, pero es la áspera y cruda realidad.
A excepción de los subalternos, –conformado su gremio por picadores, banderilleros y puntilleros–, que obtienen un sueldo base, –aunque mínimo en relación con el riesgo corrido–, se puede estimar que 95% de los toreros no cobra por sus actuaciones en los ruedos y deben encontrar una manera alterna para mantenerse económicamente.
Es también en este sentido donde la plenitud juega nuevamente un papel clave y definitorio.
Arturo Gilio Quintero tiene en su genética una línea ascendente de profesionales de la fiesta brava: su abuelo paterno, don Arturo Gilio Rodríguez, fue durante una etapa de su vida un exitoso empresario taurino; su padre, el matador de toros Arturo Gilio Hamdan es figura del toreo, y además un personaje con personalidad propia y arrastre taquillero que cobró jugosos sueldos por sus contratos en los ruedos Ambos, padre y abuelo, se entregaron plenamente en sus profesiones, y lograron devengar ganancias de ellas, pero además, como dice el refrán popular, “una golondrina no hace verano”, la necesaria constancia fue un elemento que los Gilio supieron refrendar a través del tiempo para poder permanecer como profesionales prolongadamente.
Arturo Gilio Quintero ha demostrado reiteradamente que posee algunas de las cualidades necesarias para “vivir del toro”, tiene disciplina y ya muchos años de esforzarse en el arduo aprendizaje de la técnica para lidiar reses bravas. Inclusive durante su temprana juventud, sacrificó la comodidad del hogar y la convivencia familiar emigrando a España durante largo tiempo para obtener allá la mejor y más profesional enseñanza posible.
Arturo tiene valor, tiene arte, tiene hambre de triunfo, tiene convicción, tiene vergüenza torera y gracias a la experiencia que adquirió en estos últimos triunfos obtenidos en los tres cruciales retos y compromisos en los que se desarrolló y manifestó plenamente, está encontrando un sello personal que lo identifique clara e intensamente ante el público taurino, y así logre colocarse en ese mínimo porcentaje de toreros que al figurar sobresalen de la mayoría y se convierten en figuras del toreo.
Este sábado 19 de febrero pasado, Arturo consiguió añadir un elemento mas en su camino a la cima. Sus rotundos triunfos consecutivos, y la acertada promoción de ellos, llevada a cabo por su eficiente administración se conjugaron para convocar en masa a la afición taurina lagunera, que llenó hasta agotar el boletaje de la plaza Alberto Balderas de Ciudad Lerdo, Durango, en la que Arturo protagonizó su primera “encerrona” con cuatro novillos.
Al segundo de ellos, un bravo Jabonero de la ganadería de su padre, le hizo una faena completa y lo mató de un estoconazo, por lo cual el juez, el matador José Luis Orozco, le concedió justamente las dos orejas del astado.
Era ya complicado el poder superar esta emotiva faena y su desenlace, pero en su ultimo novillo de la encerrona, llamado don Jesús, Arturo Gilio Quintero se encontró plenamente a sí mismo y con el público de su tierra lagunera, y aprovechó cabalmente las grandes cualidades del novillo para exprimirle artística y emotivamente con capote, banderillas y muleta toda la calidad que el astado traía adentro, transmitiéndola a los tendidos y así propiciar que la afición pidiera el indulto, que el juez sabiamente otorgó, entregándosele por ello a Arturo simbólicamente las dos orejas y el “Rabo de la Plenitud”.
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