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| Cauduro se encuentra con una afección de salud que lo ha alejado de las presentaciones físicas.

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Dedica Museo de San Ildefonso una exposición al pintor Rafael Cauduro

  Por Agencia Reforma

Publicado el jueves, 24 de febrero del 2022 a las 04:04


Cauduro enarbola la perversión como una de las aspiraciones de su obra, aunque no la máxima

Ciudad de México.- El pintor Rafael Cauduro (Ciudad de México, 1950) se mueve como un lobo estepario, siempre apartado de galerías y de grupos, fiel a su propio instinto.

Un artista autodidacta con tendencia al aislamiento, acentuado por la pandemia.

Permanece actualmente en su casa en Cuernavaca, Morelos, y ha dejado de dar entrevistas presenciales debido a problemas con el habla, aunque con diagnósticos distintos por parte de los médicos.

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El más acertado, al parecer, es que, al momento de trabajar con tantos materiales, gases y residuos tóxicos, dejaron alguna secuela en mi salud”, responde el artista a Reforma por escrito.

Está actualmente sometido a diversos tratamientos y descansando. “Lo que me ha dado la oportunidad de vivir un proceso distinto: disfruto más la vida, de mi familia y mi casa, en Cuernavaca, por razones de salud”, apunta.

Desde el inicio de su carrera, Cauduro se resistió a formar parte de una corriente artística en particular, y eso supuso no tener el mismo grado de exposición que otros creadores.

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Cuando se formaron los grupos de plástica en México decidí seguir mi propio instinto, siempre buscando encontrar en el arte una visión correcta de lo que yo buscaba expresar”, ataja.

Y eso mismo lo obligó a “salir de la cotidianidad” y buscar nuevas texturas, nuevos elementos para añadir a su visión.

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Fui criticado muchas veces por atreverme a usar impermeabilizantes, resinas epóxicas, pegamentos sintéticos… para crear las bases de mi trabajo. La suma de todos estos procesos se ha convertido en el sello de mi obra”.

Un arrojo, sin embargo, que ahora le cobra la factura, pero el camino es el camino, y, como artista, se libró de lo que considera las limitaciones impuestas por las escuelas de arte.

En su búsqueda dentro de la pintura, expone, el autodidacta, como él, busca las obras que le han asombrado o gustado.

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Entonces, eso ya es una visión muy recta, una brújula interna que te conduce al camino correcto, un camino muy especial y definitivo. En cambio, con las escuelas de arte te enseñan de una manera intrínseca y de alguna forma te arrinconan en un proceso limitado”, compara.

Arquitecto de profesión, y después de ejercer como ilustrador y dibujante de cómics, descubrió en 1975 que quería ser pintor.

Renacentista sin grupo

Su primera pasión fue la pintura renacentista, por influencia de su padre, quien siempre le hablaba del Renacimiento italiano, de Giotto a Tiziano, de Leonardo y Miguel Ángel, y Cauduro se recuerda tratando de dibujar esas imágenes con las que creció.

De su madre heredó el amor por la ópera; ella encontraba la “plena libertad” cuando cantaba, recuerda el artista. Una experiencia que el pintor evoca como “sutil e íntima”, cuando, muy chico, lo llevaban junto con sus hermanos al teatro.

Por eso no dudó en aceptar la invitación de Gerardo Kleinburg, entonces responsable de la Compañía Nacional de Opera, para encargarse de la escenografía de Salomé de Strauss, dirigida por Arturo Ripstein. Obra que ardió, junto a otras 24 escenografías, en el incendio de 2002 en las bodegas del INBA en Ticomán.

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No pude decir que no, fue completamente emocionante, fue un reto personal el hacer que Salomé alcanzará la plenitud en escena, porque era una historia muy bonita; terrible, digo, basada en una maravillosa obra de teatro con música excepcional de Strauss.  La pérdida de la escenografía fue trágica para todos y, aunque no me cierro a la oportunidad de volver a trabajar en temas operísticos, por el momento no tengo proyecto alguno”, apunta.

Cauduro enarbola la perversión como una de las aspiraciones de su obra, aunque no la máxima.

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Me he cuestionado mucho sobre la palabra pervertir, que significa cambiar o dar un giro a las costumbres, cosa que no me parece nada malo; pensar un arte en términos de pervertir me parece maravilloso, incluso correcto. La perversión toma una calidad estética maravillosa”, precisa.

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