Coahuila
Hace 4 años
Con base en 576 facturas analizadas por quien esto escribe, correspondientes al primer cuatrimestre de 2021, o sea todo lo ingresado al sistema fiscal en ese periodo, se puede concluir que el Congreso del Estado de Coahuila, de mayoría y rectoría priista, con Eduardo Olmos Castro en la Junta de Gobierno, facturó con cargo al erario hasta las crisis hemorroidales de sus legisladores.
Se trata, como botón de muestra, de los primeros cuatro meses del trienio 2021-2023. Es decir, la instalación e inicio de la Legislatura 62, contexto en el cual uno pensaría que la curva de aprendizaje no ha terminado y por tanto los diputados locales no le meten mano al cajón todavía.
Iluso quien crea eso, por supuesto.
En este mismo espacio el 23 de mayo de 2021 se publicó un ejercicio similar, tomando como referencia la facturación total realizada por el propio Congreso del Estado en el último trimestre de la Legislatura 61 (598 comprobantes emitidos entre octubre y diciembre de 2020), durante la gestión administrativa del hoy Alcalde de Ciudad Acuña, Emilio de Hoyos.
Ahí les pagamos, literalmente, hasta las erecciones. Leyó usted bien: erecciones, no elecciones, vía pastillas contra la disfunción eréctil adquiridas en Farmacias Klyns, de Torreón, entre otros gastos insultantes.
Ahora cambiaron las caras, no las prácticas. En lo administrativo Gerardo Blanco Guerra, Oficial Mayor, y Javier Lechuga Jiménez, Tesorero, acompañan a Eduardo Olmos, presidente de la Junta de Gobierno. Y a lo tradicional y políticamente aceptado: facturación de comidas, hoteles, seguro médico y gasolina de los legisladores (todo lo anterior por miles de pesos), hay que agregar gastos excéntricos de la esfera personal, como leggings para dama facturados en Cimaco, o playeras “tipo Dockers” para caballero en la misma tienda departamental, por citar un par de ejemplos.
Incluso varias veces “hicieron el súper”. En Soriana y Walmart, básicamente. Para dimensionar, un ticket facturado donde consta una tapa de huevo, un kilo de jamón cocido a granel, un doce pack de leche Santa Clara, ocho kilos de detergente Ace, tocino Fud, shampoo Folicure de 1.2 litros contra la caída del cabello. Lo que cualquier persona podría adquirir en el supermercado, pues. La diferencia es que aquél hipotético ciudadano no tiene acceso a los datos de facturación del Congreso del Estado para endosarle la cuenta.
En su defensa podrán argumentar que se trata de productos de la canasta básica para entregar en forma de despensas. Sin embargo el Poder Legislativo entre sus atribuciones no tiene la entrega de recursos públicos, y aunque no cuenta con ella, de igual forma compraron por separado paquetes alimenticios para repartir, según los comprobantes del 4 de marzo de 2021, por 50 unidades, y el 5 de abril del mismo año, por 34 piezas adquiridas en ambas ocasiones a Despensas Industriales de La Laguna, S.A. de C.V. Al mismo proveedor facturaron 460 bolos, el 29 de abril.
Igual que sucedió en la legislatura pasada, otra vez los legisladores compraron colchones con dinero público. Seis, el 28 de abril. ¿Alguien podría explicar esa proclividad? ¿Acaso no duermen lo suficiente durante las sesiones?
Entre otros datos curiosos destaca una especial predilección por arena para gato: siete mil pesos entre 29 costales facturados en distintos momentos, de acuerdo con los folios en poder de quien esto escribe.
Por otro lado hay gastos inexplicables, como un comprobante por 306 mil pesos con fecha 29 de abril de 2021 a cuenta de la “construcción de bodega para el área de compras del aeropuerto internacional Plan de Guadalupe”, documento fiscal que señala un vínculo a un presunto número de contrato SEA-OB/004/2021, del cual no existen referencias.
En este caso el emisor que figura como proveedor fue Constructora y Renta de Equipo Jero, S.A. de C.V., de Saltillo, propiedad de Jesús Alejandro Ocampo García.
La pregunta es, y qué tiene que ver el Congreso del Estado, o mejor dicho, sus recursos, con la pista de aterrizaje de las dos mentiras que se ubica en Ramos Arizpe: ni es aeropuerto ni es internacional. Vamos, ni vuelos comerciales tiene durante años, pero esa es otra historia.
Cortita y al pie
Por lo demás, otra vez los laguneros. Y no puede ser de otra forma, pues todas las compras fueron realizadas en Farmacias Klyns, de Torreón (poco probable que un representante de Ciudad Acuña o Piedras Negras se traslade 600 kilómetros hasta allá para conseguir medicamentos). Me explico.
Ahí adquirieron Neupax, un fármaco para tratar depresión, ansiedad y ataques de pánico. En la misma receta Elicuis, para prevenir trombosis, y Tamsulosina, para la próstata (aquí alguien podría deducir entonces que el comprador es diputado, no diputada, aunque siempre cabe cualquier posibilidad).
Por separado compraron Paxil, también antidepresivo, Libertrim para la colitis, y alguien un día lo pasó mal con la comida y la bebida, pues endosó hasta el Pepto Bismol y los Alka Seltzer Boost a la cuenta pública.
A los cinco días de iniciada la Legislatura se facturó a nombre del Congreso del Estado Ursofalk, para el reflujo biliar, Hepa-Merz para el hígado graso, Flonorm, para el intestino irritable, y Vasculflow, para las crisis agudas de hemorroides.
La última y nos vamos
Y no es que uno quiera recrearse con los padecimientos médicos de los diputados locales, en este caso laguneros, sino que simplemente se vuelven materia pública (por consecuencia periodística) desde que se tratan con dinero ídem.
Así pasamos de la legislatura de la disfunción eréctil a la legislatura de las hemorroides. Pobre Coahuila.
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