Arte

Publicado el lunes, 28 de febrero del 2022 a las 04:10
Ciudad de México.- Jorge Carrión tardó apenas tres meses para imaginarse completo el siglo 21.
Y no sólo eso: como si se tratara de un designio de algún tipo, una extraña voz compuesta de millones de voces distintas, una membrana de inteligencias artificiales que han triunfado sobre la humanidad, le propuso la idea de dedicarle un museo a esos 100 años escalofriantes que, en su mayoría y por fortuna, todavía no ocurren.
Acostumbrado a trabajar sus libros por meses o años, con libretas y cuadernos llenos de apuntes y esquemas, el autor y crítico cultural español abrió un archivo de Word en 2019 y, contrario a su plan original, comenzó de cero la escritura de una novela que terminó por llamarse Membrana (Galaxia Gutenberg, 2021).
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La escribí en tres meses, de un modo muy extraño, febril, en piloto automático”, dice en entrevista sobre la novela de ciencia ficción, cuyo entramado tan complejo y meticuloso, tan erudito como lúdico, hacen de esta una empresa todavía más sorprendente.
En este libro, Carrión (Tarragona, 1976) plantea un futuro en el que las redes que los humanos han tejido a partir del internet se expanden y se ensanchan hasta perder el control, a través de capas y capas de una recontrarrealidad dominada por las inteligencias artificiales.
Narrada por una voz femenina que habla en primera persona del plural, con un “nosotras” que intriga tanto como desconcierta, la novela es en realidad un catálogo de la exposición permanente del Museo del Siglo 21, el monumento que las inteligencias artificiales han construido para narrar la centuria en la que tomaron el control, apunta.
La voz del libro es, en realidad, un enjambre de voces que lejos de la frialdad que podría atribuirse a una conciencia proveniente de una máquina, se expresa con un lenguaje poético, pleno de recursos estilísticos y metafóricos que, a decir de Carrión, le surgió de manera espontánea.
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La verdad es que no tengo una respuesta racional. Imagino que debido a que la inteligencia artificial, o las redes neuronales, son expresiones femeninas, me surgió en femenino, y de ahí de un modo natural fui a las madres, las madrastras, las abuelas, y toda esa retórica tan particular de ellas: el tejido, la membrana, el adiós y el después”, explica.

Cada capítulo corto –como una “ráfaga”, dice el autor– es una sala distinta de ese museo, fundado en el año 2100, que las inteligencias artificiales han construido, por lo que cada uno comienza con el listado de piezas que ahí se encuentran y la justificación de por qué pertenecen ahí.
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Quiero que sea un recorrido por el siglo 21, pero, por otro lado, quiero que sea un recorrido por la relación de lo humano con lo tecnológico y con las formas de la red, de la conexión, de la membrana, de internet, porque Membrana no es una novela de robots, ni de ciborgs ni de androides ni de cuerpos; es una novela de ideas”, reflexiona el ensayista.
Curaduría imaginaria
El catálogo de este museo, como cualquier otro, tiene un discurso curatorial que, en este caso, divide la Historia en tres grandes etapas, desde la perspectiva de las inteligencias artificiales: el teocentrismo, el antropocentrismo y, finalmente, el codigocentrismo.
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Membrana es como la Biblia de las inteligencias artificiales del siglo 22”, dice Carrión sobre el texto que sus protagonistas llaman, incluso, las Sagradas Escrituras.
Tan novela como ensayo, el libro presenta en cada sala una serie de obras de arte, objetos históricos y archivos documentales de todo tipo –reales o de ficción especulativa– que relatan los antecedentes y el decurso del siglo 21 según la membrana de voces.
Así, obras maestras como el cuadro Las Hilanderas, de Diego Velázquez, o El Gran Vidrio, de Marcel Duchamp, tienen cabida en el museo junto con un daguerrotipo de la pionera de la computación Ada Lovelace, o prototipos de armas, como los misiles teledirigidos.
Carrión, quien visitó la Ciudad de México invitado por la UNAM para impartir dos conferencias magistrales, es también autor de libros de crítica cultural, como Teleshakespeare, por lo que resulta natural que el Museo del Siglo 21 tuviera una visión integral de la cultura.
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Evidentemente también tenía que estar Disney, tenía que estar Marvel, tenía que estar Spider-Man, tenía que estar todo lo cultural; la cultura como algo que atañe todos los niveles de todas las parcelas de la realidad”, detalla el también autor de Contra Amazon.
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