Arte

Publicado el sábado, 5 de marzo del 2022 a las 04:27
Ciudad de México.- La separación de la soprano Anna Netrebko de sus fechas programadas en la Metropolitan Opera House (Met) de Nueva York, y el despido del director Valery Gergiev de la Filarmónica de Múnich, abre un capítulo complejo para los artistas rusos y para las instituciones culturales del mundo entero.
Con la invasión de Rusia a Ucrania en curso, los casos de Netrebko y Gergiev, acaso las figuras de la música clásica más prominentes de su país en la actualidad, son incluso diferentes entre sí, lo que abona a lo difícil que resulta lidiar con el tema de su programación en todo el mundo.
Para Jacobo Dayán, coordinador de la Cátedra Nelson Mandela de Derechos Humanos en las Artes de la UNAM, el principio que debería regir la decisión de mantener, o no, a un artista ruso en la programación de cualquier recinto es impedir la apología de la violencia.
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No hay una regla para esto, pero a mí me parece que, en primer lugar, habría que poner al centro de las decisiones a la víctima y a la dignidad del pueblo ucraniano, que es hoy quien está luchando y se está enfrentando a esta brutalidad”, opina.
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Por ello, habría que censurar –porque es una censura– a aquellos artistas que abiertamente hayan manifestado apoyo a esto que está ocurriendo. Eso no es un asunto político, hay un montón de literatura al respecto: lo que hacen las personas, artistas o no artistas, al respaldar al Gobierno de Putin ante lo que está ocurriendo es una apología a la guerra y una apología a la violencia”, concluye.
Ahí reside la diferencia entre el caso de Gergiev, partidario vocal del Gobierno de Putin, y Netrebko, cuyos nexos con el Kremlin son menos claros.
A la soprano la persigue una fotografía tomada en el 2014 en la que posa junto a Oleg Tsarev, líder separatista en el territorio de Donetsk, con una bandera pro-rusa y tras haber realizado una donación económica de un millón de rublos.
La cantante ha explicado que el apoyo económico fue para la Casa de Ópera de Donetsk y que no se había tratado de un gesto político.
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(La foto) nos habla de una persona, en todo caso, inexperta, en todo caso ingenua, en todo caso falta de pericia política, como ella misma ha reconocido”, estima el crítico musical y promotor de la ópera Gerardo Kleinburg.
En un comunicado, la Met de Nueva York informó que, para que Netrebko pudiera seguir adelante con sus presentaciones este año, en abril y mayo, en la ópera Turandot, tendría que repudiar al Gobierno de Putin.
Para el exdirector de la Compañía Nacional de Ópera del INBA, el caso de Gergiev es distinto y justificable, y pide enfatizar que repudia por completo la invasión a Ucrania: “Mi familia fue ucraniana, mi abuelo fue judío ucraniano. No puedo, de ninguna manera, simpatizar con un ataque a la población de una nación de la que provengo”.
La Ópera Nacional de Polonia canceló una producción de Boris Godunov, ópera del ruso Modest Músorgski estrenada en 1874.
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Son situaciones que me parecen absolutamente alarmantes, escandalosas, que rayan en la xenofobia, en la rusofobia absolutamente injustificada”, declara Kleinburg.
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Es una locura”, concuerda Dayán. “Sería tanto como decir que en la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos no se programara a Beethoven, es una locura”.
Además, expone el académico, pedirle a artistas rusos que jamás se han pronunciado políticamente que lo hagan es incluso peligroso para ellos y sus familias por la postura de intolerancia del gobierno de Putin ante la crítica y la protesta social.
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