“La ofensiva conquista aficionados, pero una defensiva gana campeonatos”.
Una frase típica de los deportes de alto rendimiento. Muy utilizada, por ejemplo, en el futbol americano. Pero es de aplicación universal.
Hombre, yo que soy aficionado Tigre de hueso colorado, recuerdo la séptima estrella, aquella de mayo del 2019. La máxima fue la Biblia: esa estrella la ganó Nahuel y la enorme defensa de esa liguilla.
En una postemporada aburrida, Tigres quedó campeón apenas anotando cuatro goles en seis partidos. Sí, solo cuatro goles. Pero nos metieron solo dos…
El arte de la defensa puede ganar un campeonato en los deportes, en los negocios, en la política y en la vida.
En palabras de Sun Tzu:
“Los grandes guerreros primero se ponen fuera de toda posibilidad de ser derrotados, luego ya buscan vencer al enemigo”.
“La posibilidad de no ser derrotado depende de tí mismo”.
“Las tácticas defensivas aseguran que no sufras una derrota”.
O como dice sabiamente el coach Joe Haefner al resaltar las ventajas de poseer una gran
defensiva:
a) Es algo que puedes
controlar.
b) Es la forma más rápida de volverse competitivo.
c) Te brinda consistencia.
d) Te mantiene en el juego cuando tu ofensiva tiene un mal día.
e) Genera oportunidades de contraataque.
f) Cualquiera puede aprender a defender bien.
¿Cómo lograr una defensiva de campeonato? De botepronto te propongo cinco cimientos básicos:
1. Estudia a tu rival. Digamos que siempre será mejor una defensiva que no sea genérica. Que responda a las características específicas del rival en turno. Por ejemplo, los grandes equipos (y las grandes defensivas) se la pasan viendo videos de juegos pasados. Tanto para mejorar el desempeño propio, como para identificar los puntos débiles del contrincante.
2. Habilidad para sorprender. Así como tu estudias, un rival de cuidado te analizará. El aprendizaje constante y el entrenamiento te permitirán incorporar nuevas tácticas defensivas (y ofensivas). Mientras más alta sea la calidad del adversario, mayor importancia gana tu capacidad de no volverte predecible.
3. Rapidez de respuesta. Defender no implica lentitud. Para nada. Al contrario, las defensivas ágiles son mucho más efectivas. Lograr esto será difícil. Hay que entrenar, aprender y ajustar.
4. Capacidad de recuperación. Una defensiva cansada es una mala defensiva. De poco sirve detener la primera oleada si en la segunda el enemigo te conquista. La recuperación incluye aspectos como redundancia, resiliencia y sustitutos.
5. Flexibilidad y adaptación. Una gran defensiva, y sobre todo en la era de la hipercompetencia, no puede ser rígida. Debe poder adaptarse a las nuevas condiciones. Evolucionar y reinventarse.
Excelentes, apúntalos. Seguro te sirven.
Agrego un consejo más: aprender a fintar. Aunque parezca un término de barrio, no lo es.
De hecho, “fintar” (feint, en inglés) es un término francés originalmente aplicable al esgrima. Según Wikipedia, “las fintas son maniobras diseñadas para distraer y engañar: parece que vas a hacer algo y haces otra cosa”.
Mientras tu enemigo está distraído, lo atacas en otro lado. En el ámbito militar hay dos tipos de fintas: de ataque y de retirada.
La primera simula una ofensiva para que el rival concentre ahí sus fuerzas, mientras que el ataque real se realiza en otro lado. Y la de retirada se utiliza típicamente para preparar una emboscada: atacas, te retiras y cuando el enemigo te persigue, lo atrapas débil en otro lado.
Cierro regresando a Sun Tzu.
“El general que sabe defenderse se esconde en los recovecos más secretos de la tierra. Aquél que sabe atacar se mueve desde las máximas alturas del cielo. Por un lado tenemos la habilidad de protegernos y con la otra aseguramos una victoria completa”. Exactamente.
Una gran defensiva es el punto de partida. Primero no perder, después arrasar.
Suerte en el campeonato.
En pocas palabras…
“El ataque es el secreto de la defensa”.
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