Elliott Carter vivió más de 100 años. Ciento tres, para ser exactos. Nació en 1908 y falleció en 2012. Todavía en sus últimos años seguía componiendo de manera constante y grandiosa. Sus obras más tardías son del año 2011. El día de su cumpleaños 103 festejaba dirigiendo un concierto memorable que está registrado en un álbum que incluye varias de sus obras. Casi antes de llegar a los 104, Elliott Carter dejaba este mundo y con su partida un legado que ha cambiado posiblemente como pocos, el curso de la música futura.
Entre 1950 y 1995, Elliott Carter compuso cinco cuartetos para cuerda que pueden verse como una breve historia de su vida como compositor. Aunque su obra sinfónica es otro caso que podríamos afrontar, si nuestras fuerzas nos lo permiten. La música de Carter es esa que transforma los senderos por los que las musas caminan apaciblemente. No es posible mirar los siglos 20 y 21 sin la obra de Carter. Tan prolífico y longevo él que, como dice Barenboim, se hablaba de un tardío Carter con frecuencia, pero el compositor seguía sorprendiendo al mundo con obras nuevas siempre.
De difícil acceso, la música de Carter nos obliga a estar atentos siempre. No es fácil permanecer sentados sin esfuerzo mental frente a semejantes obras, es verdad. Pero el esfuerzo vale la pena. Pudiera parecernos inaccesible, intrincada, imposible, pero si nos armamos de valor, al final la satisfacción será enorme.
Carter, tuvo estudios en Literatura en la universidad de Harvard y luego se graduó en música. Fue profesor de Matemáticas, Física y Griego. Un hombre de cultura colosal, de una memoria infatigable. Recordaba todo, conocía el lenguaje musical de Stravinsky o Schoenberg, desde Bach hasta Beethoven o Debussy. Además admiraba y comprendía la obra de James Joyce o Marcel Proust, autores de Ulises y En Busca del Tiempo Perdido, respectivamente. Un universal.
Como tantos otros compositores y músicos notables, estudió en París con Nadia Boulanger de quien aprendió contrapunto, mismo que utilizaría en toda su obra, llevándola a niveles de sofisticación apoteósica. No es para menos, los intrincados contrapuntos rítmicos son de tantas capas que llegan ser imposibles de percibir. Para ejemplos, los cinco cuartetos para cuerda que hereda al mundo. Desde ahora lo advierto: su música no es fácil, pero qué placer intelectual que valga la pena lo es.
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