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No votar el 10

Por Jorge A. Meléndez

Hace 4 años

A pesar de tanto desmadre que vivimos hoy en México, la decisión de ir o no a votar en el referéndum del 10 de abril ha ganado importancia. Opiniones van y vienen sobre el tema. Aquí va la mía.

Primero que nada, creo que no es un asunto donde exista una opción claramente mejor. Es un tema debatible y ambas posturas tienen argumentos de peso para justificarse.

Por ejemplo, es cierto que votar es apoyar a nuestra frágil democracia. Un apoyo más que necesario cuando sufre embates constantes por parte del mentiroso del Palacio.

Ataques para debilitar al árbitro electoral con argumentos falaces como una austeridad mal entendida. Embestidas que en realidad buscan regresar a tiempos donde el gobierno organizaba las elecciones.

Procesos que terminaban saliendo mucho más caros y donde los resultados que no gustaban culminaban con “caídas del sistema” más que convenientes para el partidazo en el poder.

Añoranzas que encajan perfectamente en el plan de la 4T de restaurar un control totalitario del estado tanto en lo político como en lo económico. Un plan para restaurar la dictadura perfecta.

Porque Morena no es más que el PRI de Echeverría disfrazado. Un lobo vestido de una oveja que vende espejitos al pueblo bueno.

Todo esto es cierto y, sin embargo, respecto a la revocación de mandato, creo que hay preguntas más apropiadas. Por ejemplo: ¿votando salvamos al INE? ¿Si hay una votación masiva se detendría la acometida del poder contra las instituciones democráticas?

Para mí la respuesta es clara y triste: No.

Creo que el referéndum del 10 es una gran oportunidad perdida, principalmente por el bajo nivel de votación que habrá.

Ni de chiste se llegará a los 37 millones y cachito de votantes que se requieren para que el referéndum sea vinculante. Pero esto no importa, pues Andrés Manuel se echó un taco de lengua y prometió que sin importar la cantidad, se someterá al resultado. Esa era la oportunidad.

En la consulta-no-consulta para dizque enjuiciar a los expresidentes votó más o menos un 8% del padrón, unos 7.5 millones de personas.

Supongamos que el 10 de abril votan 75% más, o sea 13 millones. Entonces para que se retire López a La Chingada (su rancho) apenas 6.5 millones + una persona deben votar por el rechazo.

Es un número muy chiquito. Imagina, en la elección de diputados de 2021 Morena y sus aliados obtuvieron unos 20 millones de votos.

O sea, con poco menos de la tercera parte de este total se podría mandar a López su rancho. Por cierto, para mí eso conviene, porque viene lo peor. Las “angustias existenciales” de AMLO presagian un terrible final de sexenio. Relee “¡No nos volverán a saquear!”.

Si eso dicen los números, ¿por qué es una oportunidad perdida? Porque no hicimos la chamba.

Para entender qué faltó, disfruta en Netflix la película NO, sobre cómo la oposición a Pinochet logró derribarlo en el referéndum de 1988. Im-per-di-ble.

El filme, que concursó en 2013 por el Oscar a Mejor Película Extranjera, deja claro que la victoria resultó de un esfuerzo organizado y deliberado de toda la oposición.

Y, sobre todo, requirió de una campaña de marketing súper creativa y distinta, que en lugar de pintar lo terrible de la dictadura, describió lo fantástico que sería un país sin Pinochet.

Jingles y anuncios con temáticas agradables energizaron a los opositores para salir a votar en masa y dar la sorpresa. Para tumbar al dictador. Exactamente lo que no se hizo en México.

El oficialismo, en cambio, burló las leyes y se movió con todo. No tuvieron vergüenza. Por eso tristemente pienso que van a ganar.

En este escenario, salir a votar es hacerle el caldo gordo a la 4T. Yo prefiero que voten poquitos y ganen 100 a 0.

Lo que sí hay que hacer es aprender la lección.

La votación que vale es la de 2024. Ahí no podemos perder la oportunidad. A pesar de los pesares, apostar por un México que crea en las instituciones, en la razón, la técnica y en el hecho de que los problemas añejos y complejos NO tienen soluciones simples y rápidas.

En pocas palabras… “Yo obtengo mi fuerza de Dios”. Augusto Pinochet, dictador chileno.

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