Coahuila
Hace 4 años
Aquella famosa huerta que como diría el poeta dejaron los conquistadores como una sonajita abandonada en un recodo del camino, (el callejón del Ojo de Agua), desapareció, como muchos otros lugares llenos de vegetación y blonda natural de diferentes tonos de verde bajo la sombra de centenarios árboles para convertirse en un moderno fraccionamiento.
Francisco Javier Rico Carrillo habita una de las viviendas, donde fue la huerta de doña Jacinta de Anda, al fondo del diminuto callejón del Ojo de Agua, a unos metros de la ermita donde mana desde hace mucho tiempo el agua, cuyo pequeño salto dio nombre y origen a la ciudad.
Nativo del barrio “Agua Chiquita” colindante con el Ojo de Agua, Rico Carrillo estudió la carrera de Arquitectura en la Universidad Autónoma de Coahuila. Ya casado llegó con su familia al lugar exacto donde estaba la huerta de doña Chinta. El terreno fue totalmente fraccionado y se hizo una calle que conecta al callejón con General Cepeda. Ahí construyó su casa y desde 1977 es vecino del barrio, donde ha logrado una sana convivencia con los vecinos del sector.
Aquel vergel citadino desapareció para dar paso a un moderno fraccionamiento. Solo quedaron algunos nogales. Pero las raíces de su gente no se perdieron, pues vecinos del propio barrio adquirieron terrenos para la construcción de sus viviendas y aunque algunos ya no están entre nosotros, quedaron sus descendientes, para darle continuidad a los apellidos y a las familias más antiguas del conglomerado.
Son sus vecinos entre otros Tere y Guadalupe Medina, hijos de don Lalo Medina, el herrero y Lilia Saucedo, esta última sucesora de don José Saucedo y doña María Flores, ella prima hermana del torero Fermín Espinoza Flores “Armillita”. El ingeniero Serrato, esposo de Laurita, hija de Arturo Hernández y Barbarita Franco, ambos conocidísimos personajes del barrio, Rodolfo “La Negra” Valenzuela, vecino de la calle General Cepeda.
Hay una señora de nombre Concepción que cada primer domingo de septiembre hace su propia fiesta conmemorativa del Santo Cristo de la Capilla del Ojo de Agua y cierra la privada que denominan de Alba, en lugar de Anda, en homenaje a doña Chinta.
“Para mí es un orgullo vivir en este lugar lleno de leyenda y de historia, pues cabe recordar que aquí fue la cuna donde se meció por primera vez la ciudad de Saltillo y no es por presumir parafraseando a don Artemio de Valle Arizpe, pero soy del Ojo de Agua, estar en este el lugar es un privilegio, pues estás cerca de esa gente que es descendiente de los primeros pobladores de la barriada”, reafirma convencido el arquitecto Rico Carrillo.
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